jueves, agosto 31

La cebolla

La cebolla, compitiendo por el blog de la semana. :P

Liniers: Cosas que te pasan si est�s vivo

Liniers: Cosas que te pasan si est�s vivo, de hecho es candidato para el blog de la semana, espero de todo corazon que lo consiga.

miércoles, agosto 30

La Gavia

como hablar del no-yo sin dar un grito?
cesar abraham vallejo mendoza.

en realidad no tenia a quien contarlo, por eso lo escribo aqui. hoy estoy solo. no solo de estar sin compañia, sin nadie a quien hablar. eso es facil. no, estoy solo de otra manera, de no poder abrirle a nadie mi corazon, de decir que se sufre al ser hombre, que sartre puede que tenia razon, hoy estoy solo de una soledad particular. en eso soy igual a todos, tengo una soledad particular. como te explico que puede que me amen, pero la inseguridad mata. ese puede que mata porque uno en realidad cree amar y todo el mundo te demuestra que lo que sientes no es amor y por lo general entre la guerra en que la vida te enfrenta contra el mundo es el mundo quien lleva la ventaja y al final, el mundo termina ganando. unete al mundo en la guerra entre el y tu ya decian los antiguos sabios modernos. puede que tuviesen razon.pero ese puede que a veces se convierte en una ventaja, en una cancion que te salva de lahorca que con tanto cariño las manos de todos los suicidas van tejiendo para los proximos condenados pues es sabido que en el infierno de los suicidas estos estan castigados a hilar e hilar una interminable cuerda que se va desatando a medida que ellos la van tejiendo. pero son ciegos, no lo ven, solo al amanecer y por eso odian la noche, porque creen que en la oscuridad se esconde algo que no los deja terminar con su tarea. asi en las mañanas, cuando despertaba al lado de su cuerpo que a veces aun soñaba, sentia la tarea cumplida pero interminable siempre, e inacabada. tambien asi me sucedia en los viajes, cuando visitaba nuevas ciudades o ciudades muy conocidas y lafelicidad del momento se derrumba frente a la expectativa del momento siguiente. anibal lecter, que siempre fue un gran citador de horacio, recomendaba vivir el presente y disfrutar de los placeres mundanos de la vida, como atiborrarse de cocaina pero no volverse adicto, comer hasta el hastio, hasta la nauseapero no apegarse a lo perecedero, a lo material del mundo. creo que berthand rusell ya hablaba de esta contradiccion. contradiccion a simple vista. y contradiccion al fin y al cabo emparentado con la suma total de una disciplina que veia espectros, zombies, sombras de un mundo arquetipico en este mundo real. sueño de un sueño inabarcable. la pregunta se les escurria como es obvio entre los dedos, cuando sancho panza compartia el sueño de una locura a pesar de su llaneza y de saber lo pesado que es la lumbalgia para el que trabaja con sus manos la tierra. pero claro, un cortesano comocervantes nunca aro ninguna tierra,el resto de la historia es comprensible. solo un loco escribe de cosas que no ha sufrido. porque ser irreal tambien duele.
con mi amiga leticia coincidimos siempre que aquellos que no estan heridos de letra suelen ser mas reales. y ser real, todos uds. lo saben, es doloroso. hasta hoy, que estoy solo, que poco a poco entiendo el peso y la medida de ciertas palabras que antes eran tambores oscuros, huecos lascivos, llamados de sexo sexo y sexo, hasta hoy me doy cuenta que ser irreal no te libra del dolor, todo lo contrario, amenaza convertirte en un fingidor.
no hermano, amiga, lector, publico todo. esto no es vano. una sonrisa esta siendo incubada al fondo, al fondo de tu corazon.palabras pesadas y ligeras han abierto una brecha entre la sutil raiz de uno de tus cabellos, entre el imperceptible agujero de un poro, y han dejado una mania escrita en ti.
estoy triste de la unica manera en que estar triste no tiene remedio, con una sonrisa burlona en el bolsillo del pantalon.-

Shocking Blue - Never Marry A Railroad Man (1971)

Shocking Blue - Blossom Lady (German Tv - Disco 1971)

Shocking Blue - Navajo Tears (1973)

Shocking Blue

venus!!!!

A goodess on a mountain top,
was burning like a silver flame.
the summit of beauty she was,
and venus was her name.
She's got it, yeah baby she's got it.
well, i'm your venus, i'm your fire at you desire.
well, i'm your venus, i'm your fire at you desire.
Her weapon were her crystal eyes,
making every man a man.
black as a darknight she was,
got what no one else had.


The Shocking Blue

martes, agosto 29

ALTA HORA DE LA NOCHE - Roque Dalton

Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
porque se detendrá la muerte y el reposo.

Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos,
serfa el tenue faro buscado por mi niebla.

Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas.
Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.

No dejes que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.

No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto
desde la oscura tierra vendría por tu voz.

No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre,
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre.

lunes, agosto 28

PoesiaLatinoamericana

PoesiaLatinoamericana

no hay poema

no hay poema

jueves, agosto 24

urbanotopia

urbanotopia, ya esta aqui, ya llego, la esperada curaduría de poesía contemporanea del peru on blog. pasense y hechenele su vistazo.

miércoles, agosto 23

Cusco. Chambi: Amanecer en la Plaza de Armas. 1925


Cusco. Chambi: Amanecer en la Plaza de Armas. 1925
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Chambi. Organista de pueblo. 1935


Chambi. Organista de pueblo. 1935
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hacer una foto composicion apra urbano, o no? con chambi motivos

Cusco. Chambi: Equipo de fútbol


Cusco. Chambi: Equipo de fútbol
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Cusco. Peregrinos de Qoyllor Riti


Cusco. Peregrinos de Qoyllor Riti
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Cusco_panorama


Cusco_panorama
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Letralia busca los mejores libros de la década

Como parte de las actividades por su décimo aniversario, la revista literaria venezolana Letralia, Tierra de Letras, realiza hasta el 18 de septiembre una consulta a sus lectores en torno a los mejores libros en español publicados entre 1996 y 2006.
Para participar en la consulta basta con entrar al portal de Letralia en Internet y sugerir un libro en español, publicado en los últimos diez años, que en opinión del usuario sea uno de los más importantes de esta década. Una vez finalizada la encuesta, los resultados serán analizados por el equipo de Letralia y se publicarán en la edición 150 de la revista, el próximo 2 de octubre.
Editada por el escritor venezolano Jorge Gómez Jiménez, Letralia es la primera revista literaria venezolana en Internet y circula quincenalmente desde el 20 de mayo de 1996. El portal también ofrece a sus lectores el más extenso directorio de enlaces comentados del ámbito cultural hispanoamericano, una editorial digital y secciones de traducción literaria, firmas exclusivas y áreas de formación.

• Para mayor información: www.letralia.com/tierradeletras/libros.htm
• E-mail: info@letralia.com

martes, agosto 22

La Habana

dantealejandro

dantealejandro

La Gavia

http://www.skinvideo.com/adult/video/Erotica/General/page1?CMP=AFL-AllReferrers

viernes, agosto 18

revistaespergesia

revistaespergesia

Daleclick Templates

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jueves, agosto 17

Pasión y amor(?)

Por Paul-Laurent Assoun *

Es un hecho de experiencia que “el amor sexual genital asegura al hombre las más poderosas vivencias de satisfacción” (S. Freud, Malestar en la cultura). Cuando Freud hace esta afirmación, no está entonando un himno al amor o a la genitalidad. Se trata, ante todo, de una sucinta constatación: el amor aparece encabezando el examen de los “métodos para lograr la felicidad”; encontramos entonces “esa dirección de la vida que toma al amor como punto central y espera la máxima satisfacción del amar y el ser amado” (ob. cit.). El amor aparece, pues, primeramente como la principal “técnica de felicidad”. Y esto impulsa irresistiblemente al hombre a elevarlo al rango de “modelo de toda felicidad” y a “buscar la satisfacción de felicidad en la vida en el terreno de las relaciones sexuales” (ob. cit.).
La antropología freudiana tiene su base en esta primacía del amor en la economía humana de la satisfacción, convicción que obtiene tanto en el terreno de su clínica como en la experiencia más cotidiana, en las que comprueba incesantemente todas sus consecuencias. Lo cierto es que, para el sujeto, esta dependencia de la satisfacción por el amor, si bien es compensada con el sentimiento de lo incomparable e incluso de lo mejor, se paga muy caro en síntomas y sufrimientos. Está claro que, en cuanto se pone uno a amar y, más todavía, en cuanto es amado, “empiezan los problemas”. Asoman entonces la sombra de la muerte o de la infidelidad, que laceran al enamorado, catástrofe de la relación de objeto.
Esto no significa que no existan otras maneras de gozar distintas de la amorosa y algunas, incluso, hacen subir más alto el termómetro del goce y con mayor eficacia. Pero esta forma es capital por cuanto su referencia es el otro-objeto. Si se encuentra comprometida, el programa para la felicidad puede quedar severamente dañado. Ahora se comprende mejor que, cuando el sujeto no está en la onda de esta satisfacción precisa, esto produzca, fatalmente, síntoma. En este sentido, la neurosis es una forma fatal de pasión.
El amor es, a fin de cuentas, sexual. Decir esto no es decirlo todo del amor pero, si del amor no se dice esto, jamás se dirá nada de él. Ahora bien, decir que el núcleo del amor es sexual –lo cual conjuga Eros y libido, por lo mismo que el amor se articula con la represión en un punto de no retorno e impone, además, su dimensión inconsciente– no es poner fin a la cuestión del amor: se lo abre así en el propio ángulo del trabajo inconsciente de lo sexual.
- - -
Amar de veras supone, simultáneamente, gozar del amor. El objeto amado es tal que provee razones concretas para “gozar del amor”. El encuentro amoroso provee la coyuntura en la que deviene posible gozar del amor. El amante “ama amar”. El objeto, por ser amado, le suministra la ocasión en carne y hueso.
- - -
Hemos llegado así al corazón donde se emplaza el devenir-enamorado, ese epicentro del amor. Tiene que producirse una caída y esto lo dice la expresión “caer enamorado”. Pero, para que se cumpla esta cristalización digna de llevar el nombre de amor –y no meramente una cierta emulsión afectiva–, es preciso que, a raíz de los amores del presente, se repita el circuito pulsional de los primeros amores, los únicos verdaderos. Entiéndase bien: nada más real que el amor del presente y esto es lo que, en las crónicas de vida del sujeto, confiere al acontecimiento amoroso un carácter de “milagro”. Sólo cuando ama tiene el sujeto la más viva impresión de habitar su presente. Pero este amor flamante sólo adquiere su dimensión por reflejar los amores de la infancia. El sentimiento de novedad es tanto más agudo cuanto que el acontecimiento toca al retorno de la promesa del alba. Caer enamorado es experimentar el sentimiento nuevo que hace creer en el antiguo. El enamorado es como el niño que acaba de nacer: no a la vida, sino a su deseo.
Por eso, nada como el estar-enamorado es tributario de la más simple evidencia. El efecto de un real pleno parece suspender el pensamiento. Sin embargo, al explorar sus corredores inconscientes, el amor hace pensar en un laberinto inextricable.
El momento de verdad del amor, más allá de la sensación de “cambiar la vida”, es cuando el sujeto va a creer de veras en su fantasma, cuando va a pensarlo viable. Una cosa es experimentar un sentimiento por el otro en lo recóndito del propio mundo interior; pero creer de veras que ese fantasma puede morder sobre la realidad porque encuentra, porque acaba de encontrar su correlato en el otro, es harina de otro costal: así es el amor real, o sea, el que se pone a existir en este mundo. Es la hora de la primera cita, cuando el sujeto acude, él con su fantasma, a ese lugar donde hay un/a otro/a presente: cuando el sujeto acude a la llamada.
He aquí, en efecto, un otro igual a él mismo pero hasta entonces indiferente, cuyo atractivo se vuelve inigualable. Cuanto más piensa en él, más se prenda el enamorado del objeto que lo sostiene en su fantasma al prestarle complacientemente sus rasgos. Es como si el objeto amado estuviera enmarcado in vivo en el fantasma.
Tal vez no haya definición más adecuada del amor real que ésta: el amor real es cuando el otro de carne y hueso ha acudido a la cita del fantasma. Por lo menos el enamorado tiene esa punzante sensación que otorga al afecto todo su “valor”. Experiencia incomparable e inolvidable, sobre la cual la literatura se extenúa intentando alcanzar el temblor de la espera de ese objeto que, al arribar, satura el afecto.
- - -
El amor conlleva un riesgo correlativo a su goce, el de que el yo se vacíe en provecho del objeto. El sujeto enamorado, indescriptiblemente dopado por el amor, corre el riesgo de terminar “desvitaminizado”. Este es el motivo por el que el o la amante eligen muchas veces poner fin a una pasión, sin otra razón verdadera (una vez exceptuado el discurso) que la inminencia de una hemorragia interna de su libido. El enamorado tiene la impresión, no infundada, de que el otro se lo “morfa”. Cuando ha quedado reducido al hueso del yo, profundamente empobrecido en beneficio del Objeto, es capaz de alzarse contra este amor demasiado gravoso que, tras haber colmado su mirada, le cuesta “un ojo de la cara”.
Esto concierne muy en particular a la mujer, quien, a partir del lazo con la madre, se juega el todo por el todo en la demanda de amor. De ahí que se la encuentre en posición de “locomotora” de la pasión, pero también en la de iniciadora de la ruptura. Porque, después de la colonización por la Madre, ha aprendido el arte de la ruptura como vía para desembarazarse de la pasión.
- - -
Hay una “credulidad del amor” (S. Freud, Tres ensayos para una teoría sexual) que llega a la ceguera. El objeto puede entonces matar y la “ceguera amorosa” hace “de un enamorado un criminal sin remordimientos” (S. Freud, Psicología de las masas y análisis del yo).
La pasión da testimonio de que el amor es ciego hasta el crimen.
Inaugura una lógica tóxica genialmente atestiguada por el “filtro” de Tristán e Isolda. Freud apunta que “el alma popular llama al amor “borrachera” y hace nacer el estado amoroso de la bebida de amor” (Lecciones de introducción al psicoanálisis). Pero el enamorado de la bebida está a mil leguas del amor de objeto: la prueba está en que el alcohólico forma un pareja perfecta con su vino.
La pasión revela ser formalmente incompatible con la felicidad, supeditada como está a la ley del goce. El amor, la más poderosa “técnica de la felicidad”, la socava con máxima eficacia. No es que el sujeto deje de vivir la experiencia de la pasión como culminación de su sentimiento de felicidad y de asimilación máxima en su ser deseante, sino que, de ahí en más, va a jugar su ser en la relación con ese objeto en cierto modo fuera del mundo, que le envenenará la existencia hasta el punto de amenazar su autoconservación, esté ausente o presente, esté demasiado ahí o demasiado en otra parte.
La metáfora de la intoxicación padece los límites radicales de su pertinencia. En el fondo, el tóxico tiende a asegurar la independencia respecto del otro, pero al precio de la más tiránica dependencia del objeto-droga, mientras que, en la pasión amorosa, la dependencia está cabalmente fijada al otro. El apasionado fracasa donde el toxicómano triunfa: no puede prescindir del otro. El otro deviene ese objeto de carne y hueso del que hace pender su existencia, con arreglo a distintas modalidades adictivas.
- - -
El “amor universal” revela ser nocivo. Está demostrado que “cuando el apóstol Pablo hubo hecho del Amor universal de los hombres el fundamento de la comunidad cristiana”, apareció “la más extrema intolerancia” hacia quienes no se habían convertido a esta doctrina del amor y hacia sus herejes. El amor universal, cuando acaba fundando “la vida pública y política”, segrega la más activa “intolerancia” (S. Freud, Malestar en la cultura). De ahí la importancia de reflexionar sobre la potencialidad totalitaria del todo-amor, cuando la pasión se convierte en motor colectivo. Freud no está lejos de considerarla como un tóxico espiritual, dañoso para el deseo.
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Está demostrado que el amor, capaz de ofrecer la más intensa “alegría” posible, pone triste. Ello, sin duda, en la experiencia del alejamiento y de la separación, pero más estructuralmente por tocar al objeto perdido. El otro no está nunca bastante presente –lo cual es incluso un signo clínico del amor– por cuanto es el señalador de la falta. El amor conoce ciertamente sus momentos de “triunfo” maníaco: como los maníacos, los amantes apasionados parecen condenados al insomnio, hipervigilantes como se han vuelto a la presencia del otro querido y al cuerno de la abundancia que éste vierte sobre el mundo.
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Si el amor es la más prestigiosa “técnica de felicidad”, ¿por qué finalmente su forma pasional conduce a lo contrario de la felicidad? En primer lugar, abre una lógica de la dependencia: el hecho de poner “la erótica genital en el punto central de la vida genera la más preocupante dependencia de un fragmento del mundo exterior, a saber, el objeto de amor elegido, y expone a los más intensos sufrimientos cuando se es desdeñado por éste o se lo pierde a causa de la infidelidad o de la muerte” (Malestar en la cultura). Pero hay más: aquí está el signo de que la muerte participa del paisaje; estamos, entonces, en una lógica del goce.
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No hay amor sin “contrato” (no firmado) de hacerse objeto del otro. Así se dan las cosas en el “devenir-pareja”: no tanto intersubjetivación como reciprocación del “hacerse-objeto”. El amor abre la posibilidad de hacerse objeto entre dos, o de “hacer el Objeto” entre dos. Este corazón oscuro del amor permite interrogar la dimensión pasional del masoquismo. “Yo te amo” permite dirigir una demanda al otro de este estilo: “Haz de mí tu objeto” y “date recíprocamente como mi objeto”, amado en esta condición (“amado mío”).
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El fin del amor no es solamente su momento terminal, es también la prueba de verdad. El amor es de tal índole que juega su ser tanto en sus comienzos como en su fin.
¿Dónde situar el punto y la punta de dolor de la separación?
El punto de dolor del enamorado es verse excluido de la posición a la que se lo había elegido para colmar la falta del otro.
Pero la herida narcisista no se limita a esta destitución por la que la función valorizadora se pierde. El verdadero punto neurálgico es quizás esta melancolía en nombre del objeto. Lo que está sobre el tapete es el dolor por el otro amado, esto es, que pueda prescindir de mí, para la eternidad. Bajo la lamentación manifiesta: “Pobre de mí, que he perdido al otro”, está encriptada la melancolía: “Pobre del otro, que puede prescindir de mí para siempre”. He aquí lo más difícil de soportar. Yo mismo puedo arreglármelas con más o menos facilidad para prescindir del otro, pero ¿cómo hacerme a la desgarradora idea de que él pueda prescindir de mí, sin compadecerlo hasta el infinito? Lo que tortura de un modo invencible en la nostalgia es recordar los momentos en que el otro gozaba por gracia de aquel o aquella que él o ella llamaban “mi amor”.
* Extracto de "La pareja inconsciente. Amor freudiano y pasión postcortés", de próxima aparición (ed. Nueva Visión). Paul-Laurent Assoun es catedrático y doctor en filosofía, psicoanalista y Director de I?UFR de Sciences humaines cliniques de Paris VII, Director adjunto del Laboratoire de psychanalyse et practiques sociales ?CNRS, Universités de Paris VII et Amiens. Dirige la colección "EPhilosophie d? aujourd? hui" en Presses Universitaires de France.

: as escolhas afectivas :

: as escolhas afectivas :

CHICOS �NDIGO

CHICOS �NDIGO

:: las afinidades electivas ::

:: las afinidades electivas ::

miércoles, agosto 16

NI VOZ NI VOTO


realidad!!!!!!!!

Alicia en el pais


alicia!!!!!!!!

Julio Andrade -cada mañanita


viviras en mi alma otra vez! esta sera la unica, pero por esto vale todo julito...

Necesito


buuuuuuu!!! voy a llorar de la emocion!

Charly Garcia - Tu Amor Con Pedro Aznar

pedrito pedrito, siempre con su alegria.

Charly Garcia - Fanky

y como la musica siempre me pone muy nosthos, unito del recuerdo

Gianmarco - Sin querer


aqui esta, lo encontre, para ti conejita, para que lo sepas, aunque ya lo sabes, de que vamos no?

lunes, agosto 14

CANCIÓN DE UNA AMADA - B. Brecht

1. Lo sé, amada: ahora se me cae el pelo por mi vida salvaje, y me tumbo en las piedras. Me veis beber el aguardiente más barato, y camino desnudo al viento.

2. Pero hubo un tiempo, amada, en que fui puro.

3. Tuve una mujer que era más fuerte que yo, como la hierba es más fuerte que el toro: se vuelve a erguir.

4. Ella vio que yo era malo, y me amó.

5. No preguntó a dónde conducía el camino, que era su camino, y quizás iba hacia abajo. Cuando me dio su cuerpo, dijo: esto es todo. Y fue mi cuerpo.

6. Ahora ya no está en ningún lado, desapareció como una nube cuando ha llovido, la abandoné y cayó, pues ése era su camino.

7. Pero de noche, a veces, cuando me veis beber, veo su cara, pálida en el viento, fuerte y vuelta hacia mí, y me inclino ante el viento.

domingo, agosto 13

Algunos links sobre la poesía en Arequipa.

Ultimas publicaciones (antiguo)

Creación Juvenil, un artículo de Tito Cáceres en la Revista de la UNSA.

Una entrevista a Michael Ramos por Juan Yufra.

Un repaso de Lenin Velarde sobre poesía que se publica en Arequipa.

Y por aquí algunos arequipeños que publican en la red, pueden visitar la revista Espergesia -si, como el título de Vallejo.

Y también peuden revisar la página cultural del Semanario El Buho.

sábado, agosto 12

Jaime Sabines: ejercer los sentidos

Por: ALEJANDRO TOLEDO

El poeta Jaime Sabines (1926-1999) al final de su vida dedicó algunos meses a releer sus viejas libretas: de ellas saldrá muy pronto un tomo de "poemas rescatados". La lectura de esos cuadernos lo llevó al recuerdo de sus años de estudiante: en la Escuela de Medicina, primero, y en la de Filosofía y Letras más tarde. Estas impresiones fueron rescatadas durante varias entrevistas entre Alejandro Toledo y el poeta, para hacer posible el texto que se reproduce a continuación, del cual se han omitido las preguntas con el fin de hacer más fluida su lectura.

*

Mi primer contacto con la Universidad fue la Escuela de Medicina, la que estaba en Santo Domingo, que había sido edificio de la Inquisición y que para mí, durante los tres años que estuve ahí, lo siguió siendo. En realidad odiaba esa escuela, y hasta la fecha me da escalofríos pasar por ahí... Yo venía de provincia, de Tuxtla Gutiérrez, una ciudad pequeña —en esa época, de treinta mil habitantes—, y la de México no era una ciudad tan grande como lo es ahora, pero proporcionalmente sí lo parecía: en 1945 tendría dos millones de habitantes. Cursé hasta la preparatoria en Tuxtla, y luego quise venir a la Universidad a estudiar medicina. Yo pensaba que mis papás querían un hijo médico, y se pusieron muy contentos de que fuera a estudiar medicina. Hice el viaje, fui a inscribirme a la universidad y ahí empezaron los traumas. Yo solito, en un ambiente que no conocía, me sentía desolado, abandonado, víctima de la agresividad de la ciudad de México. Un primo mío me llevó a inscribirme.

—Tienes que levantarte a las tres y media —me dijo— porque hay que estar a las cuatro.

Y llegamos, pues, a las cuatro de la mañana, y ya había cola como de cuadra y media. A las nueve abrieron la universidad —era el horario normal—, a esas horas empezó a funcionar la fila; llegué a la ventanilla exactamente a la una de la tarde, y la señora me dio con la puerta de la ventanilla en las narices.

—Pero oiga usted...

—Nada, ya se acabó. Venga mañana.

Ahí empezaron los traumas. Al día siguiente tuve que volver a hacer cola a las cuatro de la mañana. Por fortuna llegué a la ventanilla como diez minutos antes de la una, y me atendió la vieja del día anterior, una mujer odiosa, por lo menos para mí se merecía todos los calificativos... Era la señorita Nájera, no me olvidaré jamás de su nombre pues tuve que tratar con ella varias veces y siempre me tronaba las puertas en las narices. La cosa es que por fin me inscribí en la Escuela de Medicina.


Paseo de perros

La clase de anatomía era a las siete de la mañana, y yo hice todo lo posible para asistir a esa hora y no pude. Vivía a tres cuadras de la escuela, en Belisario Domínguez. A pie iba yo, pero a las siete de la mañana no podía... Un doctor, de apellido Bandera, daba su materia de anatomía a las tres de la tarde, era el único que la daba a esa hora. Y la de anatomía era la clase fundamental. Opté, entonces, con el doctor Bandera, pero al presentarme...

—Usted está inscrito a las siete de la mañana.

—Sí, doctor.

—Tráigame una orden del profesor para poder hacer el cambio.

Transcurrieron cuatro meses para que consiguiera esa orden. Así que a mediados de año ya estaba condenado a una prueba doble, porque tenía una de faltas con el maestro Bandera...

Ya le había agarrado horror a la escuela. Me aconsejaron, y lo hice al pie de la letra, que me hiciera pasar por muchacho de segundo año reprobado, para evitar las novatadas, que eran terribles: te pintaban a cada rato, no sólo te cortaban el pelo sino que te echaban pintura, te montaban, te hacían lo que querían... Me hice entonces pasar como alumno de segundo año reprobado, me aprendí quiénes habían sido los maestros, lo hice muy bien y evité todo, todo... Ya había evitado hasta el paseo de perros, la culminación de las novatadas: agarraban a todos los novatos, les echaban pintura ya todos pelones, los montaban, los hacían pasear por el zócalo, por las principales avenidas del centro... Los vejaban, pues, de la manera más cochina. Yo me libré de todo eso. Pero como a diez días de paseo, un traidor chiapaneco le dijo a unos cuates:

—Ese tipo se ha hecho pasar por reprobado de segundo, pero no es cierto. Yo lo conozco muy bien, es de Chiapas, se llama...

Fueron conmigo y negué todo...

—Mira, hermano, olvídate: ya te libraste bastante tiempo y te burlaste. Dale gracias a Dios, pero de la peloneada no te vas a salvar.

Y me dejé. Me pasaron la maquinita de rasurar por un costado de la cabeza y por el otro. Había una señora gorda y chaparra, era un barril, medio loquita, que llegaba a la escuela todas las tardes; enamoraba a los muchachos, y éstos le hacían la corte... Recién peloneado que agarran a la señora y la ponen a bailar conmigo. Ésa fue la humillación mayor; desde todos los portales de arriba estaban los estudiantes viendo lo que hacía yo con la vieja aquella. Salí humillado y ofendido de la bailada.


Condenado a repetir la clase

Una experiencia en verdad dura fue mi primer examen. Había una clase de embriología que era semestral, todas las demás materias duraban un año. En junio se hacían los exámenes de embriología. Reunían a todos los grupos en el auditorio, que tenía capacidad como para setecientos u ochocientos estudiantes. Acudí al examen, sabía yo de la materia —era machetero, estudiaba mucho—, y a mi lado se sentó un muchacho... No olvidaré tampoco su nombre: Sánchez González, Alberto. Yo: Sabines Gutiérrez, Jaime. Me dijo:

—Oye, mano, sóplame...

—Espérate, estoy contestando mi examen.

Pasaban los maestros en sus rondas de vigilancia. Contesté mi prueba y luego le dije todos los datos que pude, lo ayudé bastante. Era obvio que mi prueba estaba mejor desarrollada. La cosa es que entregamos los exámenes; en una mesa estaba el maestro con todos sus ayudantes.

Como a los ocho días salieron las listas con las calificaciones. Y me dice feliz un amigo de Chiapas, que había querido competir conmigo toda la primaria, secundaria y preparatoria:

—Jaime, ya salieron las calificaciones.

—¿No te fijaste cuánto saqué?

—Sí, claro. Sacaste cero.

—¿Qué? ¡Estás loco!

Bajo la escalera estaban las calificaciones. Miro: "Sánchez González, Alberto: 8", "Sabines Gutiérrez, Jaime: 0". Me dije: es un error, con seguridad me saqué diez y aquí me ponen cero. Fui a ver a la señorita Nájera.

—¿Qué se le ofrece?

—Esto, señorita: creo que hay un error...

—¿Cuál es su nombre?

—Sabines Gutiérrez, Jaime.

—No, señor, no hay ningún error: tiene usted cero.

—Pero, señorita...

—No hay ningún error, deje usted de molestar.

Y yo: qué hago, Dios mío. No había otra clase de embriología. Con cero estaba condenado a repetir la clase en el siguiente año; de haber reprobado con cinco tenía derecho al extraordinario. Averigüé entonces la dirección del doctor Daniel Nieto Roaro, que vivía en avenida Chapultepec y ahí tenía su consultorio. Y voy a buscarlo. Había dos o tres gentes. Abría él la puerta: pase usted, pase usted... Hasta que me tocó mi turno.

—Pase usted, joven —me dijo, muy atento, pero en cuanto le dije "maestro" él se volvió a verme y cambió de actitud: del que busca la lana al que está viendo a un pobre diablo que es su alumno—. ¡¿Qué desea?!

—Maestro, vine a verlo porque me pasa esto... Estoy seguro que no puedo tener cero, yo sé embriología.

—¿Cuál es su nombre?

Se lo di, el doctor Nieto sacó una listita de seis gentes.

—Sabines, aquí está. Sí tiene usted cero.

—¿Por qué, maestro?

—Usted contestó "presente" cuando pasé lista, pero su prueba nunca apareció: usted no me presentó su prueba.

—La dejé en el escritorio...

—Es lo que usted dice, yo no la tuve.

—Maestro, no me haga usted eso, con cero no puedo ni hacer el extraordinario.

—No es culpa mía.

—Hágame usted un examen ahorita, hágame cinco preguntas y si no sé repruébeme.

—No estoy para hacer exámenes cuando los alumnos quieren, la Universidad es la que determina la fecha de los exámenes. Tenga la bondad de retirarse.

Salí del consultorio deseando tener una pistola y balacear al viejo chaparro ese. Ahí se acabó mi aventura de la Escuela de Medicina. Se acabó porque perdí la fe, la confianza en mí mismo. Recuerdo que cuando presenté neuroanatomía y saqué 9.5 no lo creía. Me sentía como si hubiera robado la calificación. Y luego, en ese año de 1945, estalló una huelga en la Universidad. No sabía qué hacer: estaba esperando mi examen de anatomía para el 20 de diciembre, y la huelga estalló el cuatro. Quería ir a pasar las vacaciones a mi tierra, cuando menos pasar la Nochebuena y el Año Nuevo con mis viejos. Le hablé a mi papá y le pregunté si podía irme. Me dijo:

—Sí, vente.

Y así me fui a pasar la Nochebuena, con la alegría a medias: seguía debiendo anatomía, que era la base de toda la carrera.


Y lloré como un muchachito

Regresé en febrero y presenté el examen extraordinario. Luego a la clase de disecciones, que también era a las siete de la mañana, casi no llegué, tuve muchas faltas. La prueba teórica la resolví muy bien, pero en la práctica me tocó la rodilla para diseccionarla... Se acercó el maestro:

—¿Qué es esto?

—Mire, el ligamento anterior...

—¡Esto es una carnicería!

Nunca le tuve miedo ni horror o asco al cuerpo humano, pero no aprendí. Sabía de anatomía teóricamente. Con todo eso me pusieron dos sietes y un siete punto cinco.

En segundo año el equivalente de la anatomía era fisiología. También me tocó al final de año prueba doble, pues ya casi no iba a la escuela. Odiaba la escuela. Y había una clase de maestros... Decían: hay mucho estudiante de medicina, ya somos muchos médicos, ¿por qué no se van a estudiar otra carrera?

En esos tres años de la Escuela de Medicina me hice poeta, con el dolor, la soledad y la angustia. Compraba unas libretas muy grandes, y no había noche que no me pusiera a escribir de mis angustias, de mis penas, de mi tragedia personal. Escribía páginas y páginas. Nunca salió un buen poe ma, desde luego, nunca publiqué nada de eso. Pero sí agarré el oficio de poeta en esos tres años, pues escribía yo por necesidad. Anteriormente hacía un poema a la novia, todo muy bonito. Lo hice en serio cuando sentí la agresión de la capital, cuando sentí la soledad... Lo primero fue lo hostil de la enorme ciudad de México, y la hostilidad particular hacia mí en la escuela: fue mi estado de ánimo el que acrecentaba los estragos que hacía en mí la Escuela de Medicina.

Después de tres años me decidí a hablar con mi padre. Fui a Chiapas en unas vacaciones.

—Oye, viejo, te voy a decir una cosa. Voy a seguir estudiando medicina, pero nada más para colgar el título en la pared de tu casa; no voy a ejercer como médico.

Mi papá se me quedó viendo sin entender. Yo seguí:

—No quiero seguir estudiando medicina. Si sigo será porque tú me obligues a eso.

—¿Pero quién te ha obligado, hijo? Nadie te dijo: ve a estudiar medicina. Tu mamá y yo nos pusimos muy contentos porque íbamos a tener un hijo médico, pero lo mismo hubiera sido si nos dijeras: voy a estudiar ingeniería, quiero ser abogado... Lo que quisieras ser nos daría mucho gusto porque ni Juan ni Jorge, tus hermanos, pudieron estudiar más allá de la preparatoria. Nosotros no te guiamos ni te dijimos que estudiaras medicina.

—Pues no.

Me volví, fui a mi cuarto y me puse a llorar como un muchachito, a grito pelado, convulsivamente. Era la tensión de tres años de angustia, que se resolvieron de la manera más sencilla y absurda. Me di cuenta que era yo el que se presionaba.



Mientras un gato la mira

Dejé la medicina en paz y después vine a Filosofía y Letras, que estaba en Mascarones. Ahí me sentí de maravilla. Ya conocía la ciudad de México, ya había pasado tres años solo. Y me fui con mi vieja casera, doña Anita, que vivía con una hermana y una hijita, la niña que toca el piano "mientras un gato la mira", que era la Maruca. Doña Anita se había cambiado a la calle de Cuba, a una cuadra de donde vivíamos antes. Era yo su único huésped. Había dos recámaras: una para la viejita, su hermana y su hija, y otra que daba a la calle y era la que me alquilaba... Lo que tenía enfrente era la calle de la perdición: estaba el teatro Lírico, con una escandalería hasta la una de la mañana; y a un lado del Lírico estaban dos cabarets, La Perla y Las Cavernas... Y ésos eran centros nocturnos más o menos potables, pues cuando estudiaba medicina me iba a meter a unos cabarets de rompe y rasga. Recuerdo uno que se llamaba El Chapulín, en el que no había día de Dios en que no hubiera uno o dos heridos de arma blanca. A un amigo mío una vez lo iban a matar. Era pura gente de baja ralea, y pura muchacha de a veinte centavos la pieza.

Me instalé, pues, en República de Cuba y me inscribí en Mascarones. Las clases eran de las cuatro de la tarde a las ocho de la noche todos los días. Uno de mis maestros fue Julio Torri, viejito delicioso al que nadie le hacía caso. Tenía una vocecita, y en el salón como de sesenta muchachos se la pasaban todos platicando. Yo procuraba sentarme cerca, en primera o segunda fila, para escucharlo. Conocía ya sus escritos, sus poemas en prosa. Torri no se peleaba, no decía: "Cállense" ni regañaba a los estudiantes ni nada, iba a lo suyo, el que quisiera oírlo que lo oyera. El maestro que más admiraba era José Gaos, pero él daba filosofía. De todos modos, siendo estudiante de lengua y literatura me iba a meter a las clases de Gaos, como oyente. Ahí hice muchos amigos como Ricardo Guerra, que fue marido de Rosario Castellanos, o Fernando Salmerón, que acaba de morir... En Mascarones también andaba Héctor Azar, al que teníamos como en segundo término, como un año atrás...Ya después se hizo un gran director de teatro. Estaban además Emilio Carballido, Sergio Magaña y las poetas Rosario Castellanos, Dolores Castro y Luisa Josefina Hernández. Ahí estuvo unos meses el nicaragüense Ernesto Cardenal.

En Mascarones estuve tres años. Pensaba seguirme de largo, pero en las vacaciones de finales de 1951 mi padre sufrió un accidente muy serio en Chiapas. Me quedé hasta que salió del hospital, y cuando vine a ver ya habían pasado las inscripciones. Dije: voy a regresar el año entrante. Lo que no sucedió.


"Ahí está la tienda, Jaime"

Me habló uno que era candidato al gobierno del estado para saber si quería participar en su campaña. Pensé: de aquí cuando menos voy a sacar una beca y vuelvo a estudiar el año entrante. No hubo tal beca ni nada porque el tipo, el licenciado Efraín Aranda Osorio, era un sádico. Tuvo de oradores a tres jóvenes poetas —José Falconi, Enoch Cansino Casahonda y yo—, y a los tres nos quiso humillar. A Pepe Falconi lo tuvo haciendo antesala como mes y medio. Me enteré y le dije:

—¿Por qué te dejas humillar de ese modo? No es justo, hemos sido sus confidentes...

—Sí, Jaime, pero tú puedes hacerlo, yo no. Estoy casado y tengo un hijo.

Tenía razón, se tenía que aguantar. Aranda Osorio le dio chamba a los dos meses de estar haciendo cola.

Recuerdo que por esos meses se celebraba en Veracruz el carnaval, y mi padre quiso ir. Lo fui a dejar al aeropuerto, y encontramos a Aranda Osorio, ya gobernador.

—¡Mi mayor! —le dijo a mi papá.

Luego se volvió a mí:

—Jaime, no me has ido a ver.

—Pensaba yo que no era oportuno, licenciado.

—Búscame, Jaime, búscame.

Mi padre me llamó la atención:

—Ya ves, te he estado diciendo que lo visites. Deja tu orgullo a un lado.

—Bueno, voy a ir.

Al día siguiente fui al palacio de gobierno a verlo. Daba audiencia en un salón grande de esta manera: empezaba a humillar a todo mundo. Por ejemplo:

—A ver, tú, ¿qué se te ofrece? ¡Ah, chamba, otra vez chamba!

Llegó un momento, después de dos horas de estar ahí, en que pensé que a lo mejor no me había visto. Me puse de pie, dominaba las cabezas de la gente que estaba ahí. Incluso se llegaron a cruzar nuestras miradas. "Me va a llamar", me dije, y me senté. A las dos y cuarto o dos y media de la tarde se levantó el hombre:

—Señores, me van a perdonar. El gobernador también es un ser humano y tiene que ir a comer. Los que no pude recibir ahora, mañana los espero.

"Mañana esperas a tu madre", me dije. Y no volví. Eso significó que a los pocos meses me casara. No podía regresar a la escuela, no tenía dinero para costearme los estudios, y mi hermano Juan había sido designado diputado federal por primera vez en su vida y debía viajar a la ciudad de México con su mujer y sus hijos...

—Si quieres vivir de algo, ahí está la tienda, Jaime.

¡Hijo, la tienda de ropa! ¡Qué cosa es eso! Ni modo...

—¿Cuánto voy a ganar?

—Fija tú el sueldo.

—¿Te parece bien que gane mil pesos mensuales?

—Está bien.


Estamos hablando de 1952, y mil pesos daban apenas para vivir. Yo era un idiota también, y Juan, sabiéndolo, me dijo que escogiera yo el sueldo. Como al año y medio le reclamé:

—No me alcanza con lo que gano.

—Pues súbete el sueldo.

Y me lo subí a mil quinientos. Con esa cantidad se podía vivir, sí, aunque con aprietos: comprando fiado el refrigerador, los muebles de la casa...

Para mí la tienda fue un martirio. El comercio de ropa era el oficio más antipoético del mundo. Vendía lo mismo camisas que telas metreadas para hacerte un vestido, una falda, un pantalón. Lo odioso de esa situación era el regateo.

—¿Cuánto cuesta ésta, patroncito? —me decía un indito.

Yo vendía a veinte pesos el metro de corte de pantalón, pero el pobre indito venía con su morral y sus ahorritos de seis meses para comprarse una muda de ropa...

—Te la voy a dejar en dieciséis.

Hacía mis cuentas: costaba catorce en la fábrica, le ponía un diez por ciento de traslado, renta de casa e impuestos.

—Le doy ocho, patrón.

¡No sabía yo vender! El mismo indito se iba a otras tiendas calle arriba y pagaba por aquel corte veintitrés pesos, pues así son los comerciantes: los explotan vilmente.


"Usted me engañó"

A los dos años la tienda de ropa de Juan ya venía para abajo: no vendía, no vendía, y sufría terriblemente por eso. Entonces abrí los ojos, porque empecé a comprar telas finas... Recuerdo que compré una pieza de seda natural color crudo, bonita seda. Pasó una de las señoras popof de Tuxtla, y me dijo:

—Don Jaime, ¿tiene alguna novedad?

—Sí, doña Laura.

Le mostré feliz la pieza de seda. Me costaba de fábrica treinta pesos el metro.

—¿Cuánto cuesta, don Jaime?

—Treinta y cinco, doña Laura.

—Pero me va a dejar los tres metros en cien, ¿verdad?

Y le di a treinta y tres pesos el metro, que era apenas sacar los gastos. Como a los ocho días volvió doña Laura Cano muy enojada.

—¡Usted me engañó! Eso que me vendió no era seda natural, ésa la tiene María Aramoni y cuesta sesenta pesos pero sí es seda natural.

A mi lado estaba un vendedor.

—Dígale a la señora qué clase de tela es ésta —le pedí.

—Es seda natural, de primera...

Ella no se fue muy convencida. Llamé a mi ayudante, Julio, y le dije:

—Quita los precios del aparador.

Tenía unos brocados que me costaban treinta pesos y los vendía yo a treinta y cinco...

—¿A cuánto los pongo, don Jaime?

—Cincuenta y cinco. Y esta seda natural vale desde este momento cincuenta y cinco, la vamos a dar cinco pesos más barata que doña María.

Y la tienda se fue para arriba. Me dediqué a vender pura tela fina.

Ésa fue una enseñanza, otra me la dio un yucateco. Era de esos muchachos que se dedican a vender cosas en la calle.

—Patrón, deme usted de su lino de la Burlington.

La Burlington era una fábrica que había en México con ese nombre. Fabricaban un tipo de lino, buena tela para pantalones o traje completo, que me costaba dieciséis pesos el metro. Si para un traje se necesitan cinco metros, son ochenta pesos.

—¿A cuánto me va a dejar el metro?

—En dieciocho.

—Bueno, deme usted cinco metros.

Pagó noventa pesos. Envolvió la tela, la puso en un papel de china y luego en periódico. A la media hora regresó.

—Me da usted otros cinco metros.

—¿Ya vendiste los otros?

—Sí, patrón.

—¿Qué hiciste?

—Me chingué al diputado Cárdenas.

—¿Y a cómo le vendiste el lino?

—Ah, no, patrón, eso no se lo puedo decir.

—Si no me dices a cómo, no te vuelvo a vender un metro.

—Se lo tuve que dar barato.

—¿Cuánto es barato?

—Pues se lo di... Le dejé el corte en mil pesos.

—¿A doscientos pesos el metro?

—Sí, a doscientos.

—Pues de ahora en adelante el metro te va a costar veinte pesos, no dieciocho, no te vuelvo a dar más rebajas, con lo que friegas a tus clientes es suficiente.

Abrí los ojos: la gente identifica la calidad con el precio. Aprendí y salvé la tienda de Juan. Pero vivía yo angustiado, sobre todo en cierta época: cuando empiezan las lluvias, en abril y mayo, bajan las ventas, no hay dinero. Tuxtla era una ciudad de pequeña burocracia, y de algunos campesinos que llegaban de otras partes del estado a hacer sus compras. En época de lluvias no había venta. Abría las cortinas, que eran cuatro, a las siete de la mañana, y a veces eran las doce del día y no habían entrado más que las moscas. Y yo, afligido:

—Va a venir don Fulano de Tal y le debo cinco mil pesos, ¿cómo le voy a pagar?

Ésas eran mis angustias de todos los días, siempre con sentimientos de culpa.

Rounds de sombra

Para entonces ya había escrito Horal y Adán y Eva; en la tienda de ropa trabajé Tarumba, que tiene un tono airado: la ternura, por un lado, y la protesta, el sentimiento de rebeldía, por otro.

Seguía llenando libretas. Escribía a lo bestia. En 1949, cuando estudiaba en Filosofía y Letras, me eché todo Horal, pero el poemario que ustedes conocen no es ni la quinta parte de lo que era. Siempre he tenido un gran sentido autocrítico.

En la tienda los primeros seis meses estuve como traumatizado, sin escribir nada. Me afligía seguir escribiendo. Un día me dije: voy a hacer un ejercicio, voy a hacer un soneto diario, aunque no sirva, como los rounds de sombra del boxeador. Y eran sonetos bien escritos, con todas las de la ley. Al mes los leí y me dije: no lo quiera Dios... Pero me sirvieron como entrenamiento porque cuando reparé, como a los quince o veinte días, empecé a escribir Tarumba. Mi mujer se embarazó de Julio, y en los versos hablaba yo del niño que traía en el vientre.

El año de la política fue 1952. En el siguiente me casé, en mayo; y Julio nació en mayo de 1954.

Tarumba nació en la tienda de telas. Me llama la atención que es el libro con el que más se identifican los jóvenes. Me extraña ese fenómeno. Cuando estuve en Cuba, en 1965 —fui jurado del Premio Casa de las Américas—, a todos los jóvenes les llamaba la atención Tarumba. También estuve en las playas de Tonalá, Chiapas, que es lugar de jipis, y encontré que a estos muchachos también les gustaba Tarumba. ¿Por qué ocurrirá esto? ¿Cómo es posible que estos muchachos que crecen en la revolución cubana y estos otros que crecen en la libertad del jipismo se identifiquen con Tarumba? Así era y sigue siendo. Todo Tarumba es una protesta contra la vida que lleva uno. Es la rebeldía. En la tienda yo vivía asfixiado... No sé cuándo no he vivido asfixiado, casi nunca he vivido así que diga "chino libre". En la tienda hubo periodos especiales en que la presión fue tremenda. Fueron como siete años horribles para mí: aparte de los sufrimientos que pasaba como tendero, que viene don Fulano de Tal y no tengo dinero para pagarle, o no entra ningún cabrón cliente a esta tienda, y las aflicciones, tener que decir: le voy a pagar la mitad y en el próximo viaje le doy el resto...

Aparte de eso, era vivir en un ambiente mediocre: yo ya había vivido dos o tres años en Filosofía y Letras, ya había abierto los ojos a muchas cosas. El "vate" y "poeta" con que te saludan en provincia a mí me caía gordo. Me decía: qué chingón eres, escribiste tu Horal, tu Adán y Eva... Y el gran poeta, el gran poeta de México aquí está barriendo la calle. Chíngate, cabrón.

¿Qué aprendí? La humildad: ésa fue la palabra que aprendí en esos años, a no estar pensando que el poeta es un ser sagrado o un privilegiado. No, es como cualquier otro.

Siempre he presumido que soy uno de los pocos poetas que trabajan en México, o que trabajó, porque ya no lo hago: desde que agarré la tienda de ropa, después estuve aquí en México durante veinticinco años en una fábrica de alimentos para animales. Han sido chambas físicas, no trabajo intelectual. Me ofrecían: por qué no escribes en este periódico. Pienso que el trabajo material, el trabajo manual, hace menos daño a la poesía que el trabajo intelectual. El periodismo sí me pudo haber perjudicado. La cercanía del periodismo con el trabajo intelectual te distrae de la disciplina verdadera que necesita la poesía... La poesía es una cosa ignorada hasta por mí mismo, que nadie me la toque.

Nunca he vuelto sobre mis pasos en la poesía. Corrijo sólo en el momento de escribir. Si revisan mis libretas las encontrarán casi limpias: con una raya los poemas que rechazaba, y de vez en cuando cambiaba una palabra. Por lo general siempre corrijo en el momento de escribir, siempre he tenido la idea de que la poesía es fruto de un instante, y de que somos como el río de Heráclito: si yo, hoy, corrijo lo que hice ayer, estoy adulterándome, me estoy falseando. El Jaime Sabines de ayer fue muy diferente al Jaime Sabines de este instante, como éste de hoy va a ser diferente al de mañana. Por eso no creo en la corrección, pues la veo como una falsificación. La poesía comunica emociones antes que nada, y esa emoción de hoy no es la misma que la de mañana. Con algún otro sentido, con alguna otra nariz, la vamos a oler diferente...

Hace como tres años vino Carlos Monsiváis. Tenía yo pendiente regalarle un poema, pues él dice que colecciona originales de poemas para ponerlos en la pared de su casa. Incluso antes, cuando fui diputado, me había hecho esa petición, y yo traje la cuartilla en mi saco durante varias semanas pero él no apareció. Entonces vino a la casa. Le pedí a una de mis hijas, Judith o Julieta, que me trajera una o dos libretas, pues tengo como veintiocho. Monsiváis empezó a hojearlas.

—Qué bruto eres, nunca corriges.

Le respondí:

—Ésa es mi manera de escribir, no le estoy imponiendo a todo mundo que no revise o reescriba sus textos.

Tengo un amigo, Marco Antonio Montes de Oca, que corrige cien veces un poema, es su manera de hacerlo. No estoy dando fórmulas. Mi manera de ser es ésa. Dije entonces a Monsiváis:

—Arranca el poema que quieras.

Y él:

—No, no, me da pudor, no sé... ¿Por qué no publicas tantos poemas buenos que tienes aquí?

Lo mismo me lo habían dicho Judith y Julio, mis hijos. Me puse a repasar luego aquellas libretas y me dije: es cierto, este poema está bueno, y éste también... Y estoy armando ahora un tomo que se va a llamar Poemas rescatados. Es material de muchas épocas. De 1950 para acá. Algunos están tachados no sé por qué... Me da la impresión de que en ese momento no me gustaron por algo. Otros sí me doy cuenta de que no me funcionaban para el libro que tenía pensado escribir, no encajaban en ese libro. Y los dejé así, marginados. Después nunca volví sobre esos poemas. Ahora me voy a dedicar a ellos. Es un trabajo sencillo, leer el poema, quizá cambiarle una que otra palabra y decir: te perdono la vida.


Si la vida es ejercer
nuestros sentidos

También a mí me emociona la respuesta del público en las sesiones de lectura de mi poesía, es una cosa caliente. Una vez di una lectura en la presidencia municipal de Veracruz. Ya había ido dos veces a Jalapa, pero el público de Jalapa es intelectual, "sabe": sus reacciones son más parcas, más cautelosas, pero no se entrega. En cambio en Veracruz tuve un público de cargadores, de estibadores... De pueblo, pues. Yo pensaba que iba a ser al revés que en Jalapa; estas gentes no me van a agarrar ni una. Desde que empecé a leer sentí la vibración de ese público, y era una sala para escasamente ciento veinte o ciento treinta personas, adultos, mujeres del mercado oyendo poesía... ¡Qué sensibilidad para escuchar la poe sía! Una mujer me dijo:

—¡Desgraciado poeta, me hiciste que me viniera la regla!

Y era una señora grande, treinta y cinco o cuarenta años. Ésa fue una de las primeras veces en que vi la reacción de la gente... Porque en Hermosillo me invitaron unos estudiantes de la Universidad de Sonora. Estuvieron hablándome y hablándome por teléfono hasta que por fin les dije:

—Sí voy.

Me mandaron mi pasaje del avión, me reservaron cuarto en un hotel de lujo... En el aeropuerto encuentro a siete muchachos.

—¡Maestro Sabines, lo vinimos a esperar!

Yo me sentía como si me cargaran en hombros. Fuimos al hotel.

—Lo dejamos comer, maestro, y luego venimos por usted. El recital es a la siete.

—¿Dónde va a ser?

—En el auditorio.

—Aquí los espero.

Me baño y espero que pase el tiempo. Llegan por mí puntuales y nos vamos en un carro al auditorio. Lo primero que llamó mi atención fueron las dimensiones del auditorio: enorme, enorme, como para dos mil gentes... Atolondradamente subo al estrado, me siento y me pongo a ver el auditorio y a mi público: los siete muchachos que me habían esperado en el aeropuerto más una muchacha y dos chiapanecos. Me quedé viéndolos.

—Miren, me van a perdonar —les dije—, pero me parece ridículo que esté yo aquí arriba.

—No, maestro, nos da mucha pena, es que no le hicimos la publicidad debida...

—Perdónenme pero vamos a hacer un trato, ¿qué les parece? Nos vamos al hotel, en el hotel hay un bar, nos sentamos en el bar los diez, nos echamos unos tragos y les leo todos los poemas del mundo.

Así se solucionó el recital, estuvimos como hasta las dos de la mañana...

La reacción de la gente es muy importante. Me da mucho gusto que el Nuevo recuento de poemas circule tanto entre los jóvenes, quisiera que lo vendieran más barato. Tengo la idea de que la poe sía debe ser barata, no de élite. Mi pleito con don Joaquín Díez Canedo fue cuando publiqué por primera vez el poema del mayor Sabines: yo quería que hiciera una edición barata y que se conociera por todos lados, y él se encaprichó...

—No vamos a hablar más. Yo soy el editor y mi antojo es hacer una edición de lujo. Para mí el suyo es uno de los grandes poemas de la lengua española, y desde el poema de Manrique a la muerte de su padre no ha habido otro poema como éste. Voy a hacer trescientos ejemplares y usted me los va a firmar.

¿Por qué no acabar con ese concepto casi sagrado de la poesía, de no tocar ni con el pétalo de un centavo un libro? Uno escribe para los demás, no para tener el librito guardado. El poema es un medio de comunicación, un medio de entendimiento humano, un puente que tendemos entre una personalidad y otra, entre una isla y otra.

Ver esto aquí.

Sabines

audio sabines Los Amorosos

Sobre las cartas de amor - Benedetti

Una carta de amor
no es un naipe de amor

una carta de amor tampoco es una carta
pastoral o crédito / de pago o fletamento

en cambio se asemeja a una carta de amparo
ya que si la alegría o la tristeza
se animan a escribir una carta de amor
es porque en las entrañas de la noche
se abren la euforia o la congoja
las cenizas se olvidan de su hoguera
o la culpa se asila en su pasado
una carta de amor
es por lo general un pobre afluente
de un río caudaloso
y nunca está a la altura del paisaje
ni de los ojos que miraron verdes
ni de los labios dulces
que besaron temblando o no besaron
ni del cielo que a veces se desploma
en trombas en escarnio o en granizo

una carta de amor puede enviarse
desde un altozano o desde una mazmorra
desde la exaltación o desde el duelo
pero no hay caso / siempre
será tan sólo un calco
una copia frugal del sentimiento

una carta de amor no es el amor
sino un informe de la ausencia

Espero curarme de ti - Jaime Sabines


Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de
fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible.
Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me
receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana?
No es mucho, mi es poco, es bastante. En una
semana se pueden reunir todas las palabras de amor
que se han pronunciado sobre la tierra y se les
puede prender fuego. Te voy a calentar con esa
hoguera del amor quemado. Y también el silencio.
Porque las mejores palabras del amor están están entre dos
gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y
subversivo del que ama. (Tú saber cómo te digo que
te quiero cuando digo: "qué calor hace", "dame
agua", "¿sabes manejar?,"se hizo de noche"... Entre
las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he
dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te
quiero".)

Una semana más para reunir todo el amor del
tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú
quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No
sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para
entender las cosas. Porque esto es muy parecido a
estar saliendo de un manicomio para entrar a un
panteón.

Pd.: Como saben ya, desde que lo descubrimos este es un blog fan de Sabines. Por ahi que le hacemos uno independiente, pero hasta entonces, cargaremos más del maestro por aquí.

viernes, agosto 11

Illya Kuryaki And The Valderramas Abismo MTV Unplugged


abismo!!!!!!!

Illya Kuryaki And The Valderramas Humeda


del orto!

Illya Kuryaki & The Valderramas - Hermoza From Heaven


de cuando eras niños, recordas?

Remisero!!!!!!!!

:: Quien Lo Entiende ::

:: Quien Lo Entiende ::

jueves, agosto 10

efectos personales*: Tr�s Vian, tr�s cruel

efectos personales*: Tr�s Vian, tr�s cruel

Si el hombre pudiera decir... - Luis Cernuda

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

todo es una pelicula pero aun asi duele

todo es una pelicula pero aun asi duele

otra pal link

POESIA PARA LLEVAR o Versos de un flaco

Por: Ricardo Yáñez


Y BUENO, GENTE hay que escribe cosas como éstas:

''TU CUELLO SABE a lluvia de domingo/ a lunes que despierta sin palabras/ sabe a café de martes en la tarde/ los miércoles parece que se amarga/ con un poco de jueves agridulce/ tiene un sabor tu cuello a viernes frío/ a sábado que tengo entre los labios."

A VECES ES gente muy joven, como en este caso (y aparte de perdonarla todavía hay que agradecérselo), que se permite pensar que ''la belleza/ tiene que ser otra cosa/ no lo visto/ lo ganado", o bien que ''en pensar cómo ponerla en el poema/ se va la noche".

ESE, AQUEL POEMA lo escuché en un taller en Morelia en la voz de su autor, Moisés Ramírez, entonces de supongo 20, 21 años (qué le íbamos a mover al texto, nada), quien algunos meses después me muestra un librito, Manual para cantar, de cuyas primeras 10 páginas (tendrá 50) extraigo sin mayor comentario (ante la poesía, por joven que sea, ni modo, sobran las palabras) los siguientes versos:

''¿ESTAN ANTE LA puerta los amigos/ los familiares/ tal vez un beso/ un apretón de manos?// ¿por qué no les dices, madre/ que vengan otro día/ que uno no nace el día de su cumpleaños/ sino al mirar llorar a una muchacha/ o al probar ese bocado de durazno/ que nos dan en el mercado?// que no insistan/ diles,/ madre/ que no vengan/ a decirme que hace un tiempo/ yo te desgarraba el vientre/ y ese calor que no he sentido desde entonces// que no me digan/ que tengo veintitantos años/ que tengo la vida por delante/ cuando la vida justamente es otro día/ que nace/ con el primer ojo morado/ o con los besos de una novia en el verano// ¿es que no entienden/ que uno nace/ el día en que descubre el chocolate/ o un papel con la letra del abuelo/ y no este frío y solitario ocho de enero?"

COSTUMBRES: ''HAY QUE buscarse una mujer/ darle para la sopa/ el café/ la pedicura:// ella se queda en casa/ abnegada y amorosa/ cuidando de los hijos/ -si los hay-/ probando el maquillaje nuevo/ la receta del programa matutino/ o comprando nuestra vida por teléfono// -si llama ahora/ no le cobran el envío-// la cena estará lista/ cuando yo vuelva por fin de la oficina/ de anotar cifras/ de andar cazando las palabras// hay que volver/ darse cuenta de que nada cambia/ y ver a la mujer/ esperando en la cocina o en la cama/ al hombre que le da para la sopa/ así como nos dicen/ que debe ser el verdadero amor"

Y UN FRAGMENTO : ''para ti no soy poeta/ soy tu flaco/ estos zapatos sucios/ los tirantes/ el peinado de ladito/ esa fotografía que encontraste en el cajón// no soy poeta/ soy un cigarro una canción en tu memoria/ una copa de vino/ el cierre de tu falda/ y dos o tres poemas con tu nombre// cuando pongo en la mesa un verso nuevo/ para leertelo a la hora del café/ no es por oficio o rabia o por amor/ es porque sí/ o porque no/ o todo junto/ después de todo/ quién quiere ser poeta..."

miércoles, agosto 9

ROMANCE DE LA PENA NEGRA - Federico García Lorca

Aquí tienen el videito del poema cantado por Fito Paez

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.
Cobre amarillo, su carne
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
Soledad, ¿Por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.

Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra, brota
en las tierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache, carne y ropa.
¡Ay, mis camisas de hilo!
¡Ay, mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.

Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!

¿Qué cosas no?

BOLIVIA

Artículo 17

No existe la pena de infamia, ni la de muerte civil. En los casos de asesinato, parricidio y traición a la patria, se aplicará la pena de treinta años de presidio, sin derecho a indulto. Se entiende por traición la complicidad con el enemigo durante el estado de guerra extranjera.

CHILE

Artículo 19

La Constitución asegura a todas las personas:

1. El derecho a la vida y a la integridad física y psíquica de la persona.

La ley protege la vida del que está por nacer.

La pena de muerte sólo podrá establecerse por delito contemplado en ley aprobada con quórum calificado.

Se prohíbe la aplicación de todo apremio ilegítimo.

COLOMBIA

Artículo 11

El derecho a la vida es inviolable. No habrá pena de muerte.

ECUADOR

Artículo 23

Sin perjuicio de los derechos establecidos en esta Constitución y en los instrumentos internacionales vigentes, el Estado reconocerá y garantizará a las personas los siguientes:

1. La inviolabilidad de la vida. No hay pena de muerte.

PERU

Artículo 140

La pena de muerte sólo puede aplicarse por el delito de traición a la Patria en caso de guerra , y en el de terrorismo, conforme a las leyes y a los tratados de los que el Perú es parte obligada.

VENEZUELA

Artículo 43

El derecho a la vida es inviolable. Ninguna ley podrá establecer la pena de muerte ni autoridad alguna aplicarla.

lunes, agosto 7

Miguel Mateos - Es tan fácil romper un corazón


y como lo reparamos?

sábado, agosto 5

La Gavia

mono mario

Cartas a I�aki : desprendimiento de palabras

Cartas a Iñaki : desprendimiento de palabras

The Waste Land - by T. S. Eliot

"Nam Sibyllam quidem Cumis ego ipse oculis meis vidi
in ampulla pendere, et cum illi pueri dicerent: Σιβυλλα
τι θελεις; respondebat illa: αποθαυειυ θελω."

For Ezra Pound
il miglior fabbro.



I. The Burial of the Dead

April is the cruellest month, breeding
Lilacs out of the dead land, mixing
Memory and desire, stirring
Dull roots with spring rain.
Winter kept us warm, covering
Earth in forgetful snow, feeding
A little life with dried tubers.
Summer surprised us, coming over the Starnbergersee
With a shower of rain; we stopped in the colonnade,
And went on in sunlight, into the Hofgarten,
And drank coffee, and talked for an hour.
Bin gar kine Russin, stamm' aus Litauen, echt deutsch.
And when we were children, staying at the archduke's,
My cousin's, he took me out on a sled,
And I was frightened. He said, Marie,
Marie, hold on tight. And down we went.
In the mountains, there you feel free.
I read, much of the night, and go south in the winter.

What are the roots that clutch, what branches grow.
Out of this stony rubbish? Son of man,
You cannot say, or guess, for you know only
A heap of broken images, where the sun beats,
And the dead tree gives no shelter, the cricket no relief,
And the dry stone no sound of water. Only
There is shadow under this red rock,
(Come in under the shadow of this red rock),
And I will show you something different from either
Your shadow at morning striding behind you
Or your shadow at evening rising to meet you;
I will show you fear in a handful of dust.
Frisch weht der Wind
Der Heimat zu,
Mein Irisch Kind,
Wo weilest du?
"You gave me hyacinths first a year ago;
"They called me the hyacinth girl."
–Yet when we came back, late, from the Hyacinth garden,
Your arms full, and your hair wet, I could not
Speak, and my eyes failed, I was neither
Living nor dead, and I knew nothing,
Looking into the heart of light, the silence.
Oed' und leer das Meer.

Madame Sosostris, famous clairvoyante,
Had a bad cold, nevertheless
Is known to be the wisest woman in Europe,
With a wicked pack of cards. Here, said she,
Is your card, the drowned Phoenician Sailor,
(Those are pearls that were his eyes. Look!)
Here is Belladonna, the Lady of the Rocks,
The lady of situations.
Here is the man with three staves, and here the Wheel,
And here is the one-eyed merchant, and this card
Which is blank, is something he carries on his back,
Which I am forbidden to see. I do not find
The Hanged Man. Fear death by water.
I see crowds of people, walking round in a ring.
Thank you. If you see dear Mrs. Equitone,
Tell her I bring the horoscope myself:
One must be so careful these days.

Unreal City,
Under the brown fog of a winter dawn,
A crowd flowed over London Bridge, so many,
I had not thought death had undone so many.
Sighs, short and infrequent, were exhaled,
And each man fixed his eyes before his feet.
Flowed up the hill and down King William Street,
To where Saint Mary Woolnoth kept the hours
With a dead sound on the final stroke of nine.
There I saw one I knew, and stopped him, crying: "Stetson!
"You who were with me in the ships at Mylae!
"That corpse you planted last year in your garden,
"Has it begun to sprout? Will it bloom this year?
"Or has the sudden frost disturbed its bed?
"Oh keep the Dog far hence, that's friend to men,
"Or with his nails he'll dig it up again!
"You! hypocrite lecteur!—mon semblable—mon frère!"



II. A Game of Chess

The Chair she sat in, like a burnished throne,
Glowed on the marble, where the glass
Held up by standards wrought with fruited vines
From which a golden Cupidon peeped out
(Another hid his eyes behind his wing)
Doubled the flames of seven branched candelabra
Reflecting light upon the table as
The glitter of her jewels rose to meet it,
From satin cases poured in rich profusion;
In vials of ivory and coloured glass
Unstoppered, lurked her strange synthetic perfumes,
Unguent, powdered, or liquid—troubled, confused
And drowned the sense in odours; stirred by the air
That freshened from the window, these ascended
In fattening the prolonged candle-flames,
Flung their smoke into the laquearia,
Stirring the pattern on the coffered ceiling.
Huge sea-wood-fed with copper
Burned green and orange, framed by the coloured stone,
In which sad light a carvèd dolphin swam.
Above the antique mantel was displayed.
As though a window gave upon the sylvan scene
The change of Philomel, by the barbarous king
So rudely forced; yet there the nightingale
Filled all the desert with inviolable voice
And still she cried, and still the world pursues,
"Jug Jug" to dirty ears.
And other withered stumps of time
Were told upon the walls; staring forms
Leaned out, leaning, hushing the room enclosed.
Footsteps shuffled on the stair.
Under the firelight, under the brush, her hair
Spread out in fiery points
Clawed into words, then would be savagely still.

"My nerves are bad to-night. Yes, bad. Stay with me.
"Speak to me. Why do you never speak. Speak.
"What are you thinking of? What thinking? What?
"I never know what you are thinking. Think."

I think we are in rats' alley
Where the dead men lost their bones.

"What is that noise?"
The wind under the door.
"What is that noise now? What is the wind doing?"
Nothing again nothing.
"Do
"You know nothing? Do you see nothing? Do you remember
"Nothing?"

I remember
Those are pearls that were his eyes.
"Are you alive, or not? Is there nothing in your head?"
But

O O O O that Shakespearean Rag—
It's so elegant
So intelligent
"What shall I do now? What shall I do?"
"I shall rush out as I am, and walk the street
"With my hair down, so. What shall we do to-morrow?
"What shall we ever do?"
The hot water at ten.
And if it rains, a closed car at four.
And we shall play a game of chess,
Pressing lidless eyes and waiting for a knock upon the door.

When Lil's husband got demobbed, I said—
I didn't mince my words, I said to her myself,
HURRY UP PLEASE ITS TIME
Now Albert's coming back, make yourself a bit smart.
He'll want to know what you done with that money he gave you
To get yourself some teeth. He did, I was there.
You have them all out, Lil, and get a nice set,
He said, I swear, I can't bear to look at you.
And no more can't I, I said, and think of poor Albert,
He's been in the army four years, he wants a good time,
And if you don't give it him, there's others will, I said.
Oh is there, she said. Something o' that, I said.
Then I'll know who to thank, she said, and give me a straight look.
HURRY UP PLEASE ITS TIME
If you don't like it you can get on with it, I said,
Others can pick and choose if you can't.
But if Albert makes off, it won't be for lack of telling.
You ought to be ashamed, I said, to look so antique.
(And her only thirty-one.)
I can't help it, she said, pulling a long face,
It's them pills I took, to bring it off, she said.
(She's had five already, and nearly died of young George.)
The chemist said it would be alright, but I've never been the same.
You are a proper fool, I said.
Well, if Albert won't leave you alone, there it is, I said,
What you get married for if you don't want children?
HURRY UP PLEASE ITS TIME
Well, that Sunday Albert was home, they had a hot gammon,
And they asked me in to dinner, to get the beauty of it hot—
HURRY UP PLEASE ITS TIME
HURRY UP PLEASE ITS TIME
Goodnight Bill. Goodnight Lou. Goodnight May. Goodnight.
Ta ta. Goodnight. Goodnight.
Good night, ladies, good night, sweet ladies, good night, good night.




III. The Fire Sermon

The river's tent is broken: the last fingers of leaf
Clutch and sink into the wet bank. The wind
Crosses the brown land, unheard. The nymphs are departed.
Sweet Thames, run softly, till I end my song.
The river bears no empty bottles, sandwich papers,
Silk handkerchiefs, cardboard boxes, cigarette ends
Or other testimony of summer nights. The nymphs are departed.
And their friends, the loitering heirs of city directors;
Departed, have left no addresses.
By the waters of Leman I sat down and wept. . .
Sweet Thames, run softly till I end my song,
Sweet Thames, run softly, for I speak not loud or long.
But at my back in a cold blast I hear
The rattle of the bones, and chuckle spread from ear to ear.
A rat crept softly through the vegetation
Dragging its slimy belly on the bank
While I was fishing in the dull canal
On a winter evening round behind the gashouse
Musing upon the king my brother's wreck
And on the king my father's death before him.
White bodies naked on the low damp ground
And bones cast in a little low dry garret,
Rattled by the rat's foot only, year to year.
But at my back from time to time I hear
The sound of horns and motors, which shall bring
Sweeney to Mrs. Porter in the spring.
O the moon shone bright on Mrs. Porter
And on her daughter
They wash their feet in soda water
Et O ces voix d'enfants, chantant dans la coupole!

Twit twit twit
Jug jug jug jug jug jug
So rudely forc'd.
Tereu

Unreal City
Under the brown fog of a winter noon
Mr. Eugenides, the Smyrna merchant
Unshaven, with a pocket full of currants
C.i.f. London: documents at sight,
Asked me in demotic French
To luncheon at the Cannon Street Hotel
Followed by a weekend at the Metropole.

At the violet hour, when the eyes and back
Turn upward from the desk, when the human engine waits
Like a taxi throbbing waiting,
I Tiresias, though blind, throbbing between two lives,
Old man with wrinkled female breasts, can see
At the violet hour, the evening hour that strives
Homeward, and brings the sailor home from sea,
The typist home at teatime, clears her breakfast, lights
Her stove, and lays out food in tins.
Out of the window perilously spread
Her drying combinations touched by the sun's last rays,
On the divan are piled (at night her bed)
Stockings, slippers, camisoles, and stays.
I Tiresias, old man with wrinkled dugs
Perceived the scene, and foretold the rest—
I too awaited the expected guest.
He, the young man carbuncular, arrives,
A small house agent's clerk, with one bold stare,
One of the low on whom assurance sits
As a silk hat on a Bradford millionaire,
The time is now propitious, as he guesses,
The meal is ended, she is bored and tired,
Endeavours to engage her in caresses
Which still are unreproved, if undesired.
Flushed and decided, he assaults at once;
Exploring hands encounter no defence;
His vanity requires no response,
And makes a welcome of indifference.
(And I Tiresias have foresuffered all
Enacted on this same divan or bed;
I who have sat by Thebes below the wall
And walked among the lowest of the dead.)
Bestows one final patronising kiss,
And gropes his way, finding the stairs unlit. . .

She turns and looks a moment in the glass,
Hardly aware of her departed lover;
Her brain allows one half-formed thought to pass:
"Well now that's done: and I'm glad it's over."
When lovely woman stoops to folly and
Paces about her room again, alone,
She smoothes her hair with automatic hand,
And puts a record on the gramophone.

"This music crept by me upon the waters"
And along the Strand, up Queen Victoria Street.
O City city, I can sometimes hear
Beside a public bar in Lower Thames Street,
The pleasant whining of a mandoline
And a clatter and a chatter from within
Where fishmen lounge at noon: where the walls
Of Magnus Martyr hold
Inexplicable splendour of Ionian white and gold.

The river sweats
Oil and tar
The barges drift
With the turning tide
Red sails
Wide
To leeward, swing on the heavy spar.
The barges wash
Drifting logs
Down Greenwich reach
Past the Isle of Dogs,
Weialala leia
Wallala leialala

Elizabeth and Leicester
Beating oars
The stern was formed
A gilded shell
Red and gold
The brisk swell
Rippled both shores
Southwest wind
Carried down stream
The peal of bells
White towers
Weialala leia
Wallala leialala

"Trams and dusty trees.
Highbury bore me. "Richmond and Kew
Undid me. By Richmond I raised my knees
Supine on the floor of a narrow canoe."

"My feet are at Moorgate, and my heart
Under my feet. After the event
He wept. He promised 'a new start.'
I made no comment. What should I resent?"

"On Margate Sands.
I can connect
Nothing with nothing.
The broken fingernails of dirty hands.
My people humble people who expect
Nothing."
la la

To Carthage then I came

Burning burning burning burning
O Lord Thou pluckest me out
O Lord Thou pluckest

burning



IV. Death by Water

Phlebas the Phoenician, a fortnight dead,
Forgot the cry of gulls, and the deep sea swell
And the profit and loss.
A current under sea
Picked his bones in whispers. As he rose and fell
He passed the stages of his age and youth
Entering the whirlpool.
Gentile or Jew
O you who turn the wheel and look to windward,
Consider Phlebas, who was once handsome and tall as you.



V. What the Thunder Said

After the torchlight red on sweaty faces
After the frosty silence in the gardens
After the agony in stony places
The shouting and the crying
Prison and palace and reverberation
Of thunder of spring over distant mountains
He who was living is now dead
We who were living are now dying
With a little patience

Here is no water but only rock
Rock and no water and the sandy road
The road winding above among the mountains
Which are mountains of rock without water
If there were water we should stop and drink
Amongst the rock one cannot stop or think
Sweat is dry and feet are in the sand
If there were only water amongst the rock
Dead mountain mouth of carious teeth that cannot spit
Here one can neither stand nor lie nor sit
There is not even silence in the mountains
But dry sterile thunder without rain
There is not even solitude in the mountains
But red sullen faces sneer and snarl
From doors of mudcracked houses
If there were water
And no rock
If there were rock
And also water
And water
A spring
A pool among the rock
If there were the sound of water only
Not the cicada
And dry grass singing
But sound of water over a rock
Where the hermit-thrush sings in the pine trees
Drip drop drip drop drop drop drop
But there is no water

Who is the third who walks always beside you?
When I count, there are only you and I together
But when I look ahead up the white road
There is always another one walking beside you
Gliding wrapt in a brown mantle, hooded
I do not know whether a man or a woman
—But who is that on the other side of you?

What is that sound high in the air
Murmur of maternal lamentation
Who are those hooded hordes swarming
Over endless plains, stumbling in cracked earth
Ringed by the flat horizon only
What is the city over the mountains
Cracks and reforms and bursts in the violet air
Falling towers Jerusalem Athens Alexandria
Vienna London
Unreal

A woman drew her long black hair out tight
And fiddled whisper music on those strings
And bats with baby faces in the violet light
Whistled, and beat their wings
And crawled head downward down a blackened wall
And upside down in air were towers
Tolling reminiscent bells, that kept the hours
And voices singing out of empty cisterns and exhausted wells.

In this decayed hole among the mountains
In the faint moonlight, the grass is singing
Over the tumbled graves, about the chapel
There is the empty chapel, only the wind's home
It has no windows, and the door swings,
Dry bones can harm no one.
Only a cock stood on the rooftree
Co co rico co co rico
In a flash of lightning. Then a damp gust
Bringing rain

Ganga was sunken, and the limp leaves
Waited for rain, while the black clouds
Gathered far distant, over Himavant.
The jungle crouched, humped in silence,
Then spoke the thunder
DA
Datta: what have we given?
My friend, blood shaking my heart
The awful daring of a moment's surrender
Which an age of prudence can never retract
By this, and this only, we have existed
Which is not to be found in our obituaries
Or in memories draped by the beneficent spider
Or under seals broken by the lean solicitor
In our empty rooms
DA
Dayadhvam: I have heard the key
Turn in the door once and turn once only
We think of the key, each in his prison
Thinking of the key, each confirms a prison
Only at nightfall, aethereal rumours
Revive for a moment a broken Coriolanus
DA
Damyata: The boat responded
Gaily, to the hand expert with sail and oar
The sea was calm, your heart would have responded
Gaily, when invited, beating obedient
To controlling hands

I sat upon the shore
Fishing, with the arid plain behind me
Shall I at least set my lands in order?
London Bridge is falling down falling down falling down
Poi s'ascose nel foco che gli affina
Quando fiam uti chelidon—O swallow swallow
Le Prince d'Aquitaine à la tour abolie
These fragments I have shored against my ruins
Why then Ile fit you. Hieronymo's mad againe.
Datta. Dayadhvam. Damyata.
Shantih shantih shantih



NOTES ON "THE WASTE LAND"

Not only the title, but the plan and a good deal of the incidental symbolism of the poem were suggested by Miss Jessie L. Weston's book on the Grail legend: From Ritual to Romance (Macmillan). Indeed, so deeply am I indebted, Miss Weston's book will elucidate the difficulties of the poem much better than my notes can do; and I recommend it (apart from the great interest of the book itself) to any who think such elucidation of the poem worth the trouble. To another work of anthropology I am indebted in general, one which has influenced our generation profoundly; I mean The Golden Bough; I have used especially the two volumes Adonis, Attis, Osiris. Anyone who is acquainted with these works will immediately recognise in the poem certain references to vegetation ceremonies.



I. The Burial of the Dead

Line 20. Cf. Ezekiel II, i.
23. Cf. Ecclesiastes XII, v.
31. V. Tristan und Isolde, I, verses 5-8.
42. Id, III, verse 24.
46. I am not familiar with the exact constitution of the Tarot pack of cards, from which I have obviously departed to suit my own convenience. The Hanged Man, a member of the traditional pack, fits my purpose in two ways: because he is associated in my mind with the Hanged God of Frazer, and because I associate him with the hooded figure in the passage of the disciples to Emmaus in Part V. The Phoenician Sailor and the Merchant appear later; also the "crowds of people," and Death by Water is executed in Part IV. The Man with Three Staves (an authentic member of the Tarot pack) I associate, quite arbitrarily, with the Fisher King himself
60. Cf. Baudelaire:
"Fourmillante cité, cité pleine de rêves,
"Où le spectre en plein jour raccroche le passant."
63. Cf. Inferno III, 55-57:
"si Iunga tratta
di gente, ch'io non avrei mai creduto
che morte tanta n'avesse disfatta."
64, Cf. Inferno IV, 25-27:
"Quivi, secondo che per ascoltare,
"non avea pianto, ma' che di sospiri,
"che l'aura eterna facevan tremare."
68, A phenomenon which I have often noticed.
74, Cf. the Dirge in Webster's White Devil.
76. V. Baudelaire, Preface to Fleurs du Mal.



II. A Game of Chess

77. Cf. Antony and Cleopatra, II, ii, I. 190.
92. Laquearia. V. Aeneid, I, 726:
dependent Iychni laquearibus aureis incensi, et noctem flammis funalia vincunt.
98. Sylvan scene, V. Milton, Paradise Lost, IV, 140.
99. V. Ovid, Metamorphoses, VI, Philomela.
100. C£ Part III, I. 204.
115. Cf, Part III, I. 195.
118. Cf. Webster: "Is the wind in that door still?"
126. Cf, Part I, I. 37,48.
138. Cf. the game of chess in Middleton's Women beware Women.
176. V. Spencer, Prothalamion.
192. Cf. The Tempest, I, ii,
196. Cf. Marvell, To His Coy Mistress.
197. Cf. Day, Parliament of Bees:
"When of the sudden, listening, you shall hear,
"A noise of horns and hunting, which shall bring
"Actaeon to Diana in the spring,
"Where all shall see her naked skin . . . "
199. I do not know the origin of the ballad from which these lines are taken: it was reported to me from Sydney, Australia.
202. V. Verlaine, Parsifal.
210. The currants were quoted at a price "carriage and insurance free to London"; and the Bill of Lading etc. were to be handed to the buyer upon payment of the sight draft.
218. Tiresias, although a mere spectator and not indeed a "character," is yet the most important personage in the poem, uniting all the rest. Just as the one-eyed merchant, se1ler of currants, melts into the Phoenician Sailor, and the latter is not wholly distinct from Ferdinand Prince of Naples, so a1l the women are one woman, and the two sexes meet in Tiresias, What Tiresias sees, in fact, is the substance of the poem. The whole passage from Ovid is of great anthropological interest:
'. . . Cum Iunone iocos et maior vestra profecto est
Quam, quae contingit maribus,' dixisse, 'voluptas.'
Illa negat; placuit quae sit sententia docti
Quaerere Tiresiae: venus huic erat utraque nota,
Nam duo magnorum viridi coeuntia silva
Corpora serpentum baculi violaverat ictu
Deque viro factus, mirabile, femina septem
Egerat autumnos; octavo rursus eosdem
Vidit et 'est yestrae si tanta potentia plagae:
Dixit 'ut auctoris sortem in contraria mutet,
Nunc quoque vos feriam!' percussis anguibus isdem
Forma prior rediit genetivaque venit imago.
Arbiter hic igitur sumptus de lite iocosa
Dicta Iovis firmat; gravius Saturnia iusto
Nec pro materia fertur doluisse suique
Iudicis aeterna damnavit lumina nocte,
At pater omnipotens (neque enim Iicetinrita cuiquam
Facta dei fecisse deo) pro Iumine adempto
Scire futura dedit poenamque levavit honore.
221. This may not appear as exact as Sappho's lines, but I had In mind the "longshore" or "dory" fisherman, who returns at nightfall.
253. V. Goldsmith, the song in The Vicar of Wakefield.
257. V. The Tempest, as above.
264. The interior of St. Magnus Martyr is to my mind one of the finest among Wren's interiors.. See The Proposed Demolillon of Nineteen City Churches: (P. S. King & Son, Ltd.).
266. The Song of the (three) Thames-daughters begins here. From line 292 to 306 inclusive they speak in tum. V. Götterdämmerung, III, i: the Rhine-daughters.
279. V. Froude, Elizabeth, Vol. I, ch. iv, letter of De Quadra to Philip of Spain:
"In the aflemoon we were in a barge, watching the games on the river. (The queen) was alonne with Lord Robert and myself on the poop, when they began to talk nonsense, and went so far that Lord Robert at last said, as I was on the spot there was no reason why they should not be married if the queen pleased."
293. Cf. Purgatorio, V, 133:
"Ricorditi di me, che son la Pia;
"Siena mi fe', disfecemi Maremma."
307. V. St. Augustine's Confessions: "to Carthage then I came, where a cauldron of unholy loves sang all about mine ears."
308. The complete text of the Buddha's Fire Sermon (which corresponds in importance to the Sermon on the Mount) from which these words are taken, will be found translated in the late Henry Clarke Warren's Buddhism in Translation (Harvard Oriental Series). Mr. Warren was one of the great pioneers of Buddhist studies in the Occident.
309. From St. Augustine's Confessions again. The collocation of these two representatives of eastern and western asceticism, as the culmination of this part of the poem, is not an accident.



V. What the Thunder Said

In the first part of Part V three themes are employed: the journey to Emmaus, the approach to the Chapel Perilous (see Miss Weston's book) and the present decay of eastern Europe.
357. This is Turdus aonalaschkae pallasii, the hermit-thrush which I have heard in Quebec County. Chapman says (Handbook of Birds of Eastern North America) "it is most at home in secluded woodland and thickety retreats. . . . Its notes are not remarkable for variety or volume, but in purity and sweetness of tone and exquisite modulation they are unequalled." Its "water-dripping song" is justly celebrated.
360. The following lines were stimulated by the account of one of the Antarctic expeditions (I forget which, but I think one of Shackleton's): it was related that the party of explorers, at the extremity of their strength, had the constant delusion that there was one more member than could actually be counted.
367-77, Cf. Hermann Hesse, Blick ins Chaos: "Schon ist halb Europa, schon ist zumindest der halbe Osten Europas auf dem Wege zum Chaos, fährt betrunken im heiligem Wahnam Abgrund entlang und singt dazu, singt betrunken und hymnisch wie Dmitri Karamasoff sang. Ueber diese Lieder lacht der Burger beleidigt, der Heilige und Seher hört sie mit Tränen."
402. "Datta, dayadhvam, damyata" (Give, sympathise, control). The fable of the meaning of the Thunder is found in the Brihadaranyaka – Upanishad, 5, 1. A translation is found in Deussen's Sechzig Upanishads des Veda, p, 489.
408. Cf. Webster, The White Devil, V, vi:
". . . they'll remarry
Ere the worm pierce your winding-sheet, ere the spider
Make a thin curtain for your epitaphs."
412. Cf. Inferno, XXXIII, 46:
"ed io sentii chiavar l'uscio di sotto
all'orribile torre."
Aho F H. Bradley, Appearance and Reality, p. 346.
"My external sensations are no less private to myself than are my thoughts or my feelings. In either case my experiences falls within my alike, every sphere is opaque to the others which surround it. . . . In for each is peculiar and private to that soul."
425. V. Weston: From Ritual to Romance; chapter on the Fisher King.
428. V. Purgatorio, XXXVI, 148.
"'Ara vos prec per aquella valor
'que vos guida al som de l'escalina,
'sovegna vos a temps de ma dolor.'
Poi s'ascose nel foco che gli affina."
429. V. Pervigilium Veneris. Cf. Philomela in Parts II and III.
430. V. Gerard de Nerval, Sonnet El Desdichado.
432. V. Kyd's Spanish Tragedy.
434. Shantih. Repeated as here, a formal ending to an Upanishad. "The Peace which passeth understanding" is a feeble translation of the content of this word.


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