miércoles, junio 28

El Blog de Jotace

El Blog de Jotace

martes, junio 27

pasajera en transito perpetuo

pasajera en transito perpetuo

lunes, junio 26

Calle Melancolía - Joaquin Sabina



Como quien viaja a lomos de una yegua sombría,
por la ciudad camino, no preguntéis adónde.
Busco acaso un encuentro que me ilumine el día,
y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden.
Las chimeneas vierten su vómito de humo
A un cielo cada vez más lejano y más alto.
Por las paredes ocres se desparrama el zumo
de una fruta de sangre crecida en el asfalto.
Ya el campo estará verde, debe ser Primavera,
cruza por mi mirada un tren interminable,
el barrio donde habito no es ninguna pradera
desolado paisaje de antenas y de cables.
Vivo en el número siete, calle Melancolía.
Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
y en la escalera me siento a silbar mi melodía.



Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido,
que viene de la noche y va a ninguna parte,
así mis pies descienden la cuesta del olvido,
fatigados de tanto andar sin encontrarte.
Luego, de vuelta a casa, enciendo un cigarrillo,
ordeno mis papeles, resuelvo un crucigrama;
me enfado con las sombras que pueblan los pasillos
y me abrazo a la ausencia que dejas en mi cama.
Trepo por tu recuerdo como una enredadera
que no encuentra ventanas donde agarrarse, soy
esa absurda epidemia que sufren las aceras,
si quieres encontrarme, ya sabes dónde estoy.

Se querían - Vicente Aleixandre



Se querían.
Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?
Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.

Se querían como las flores a las espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancólicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.

Se querían de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.

Se querían de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente sólo.

Se querían de día, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando...
se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.


Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
mar altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.

Amando. Se querían como la luna lúcida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música.

Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.

ESCRIBIR EL MIEDO ES ESCRIBIR... - Olvido García Vladés


escribir el miedo es escribir
despacio, con letra
pequeña y líneas separadas,
describir lo próximo, los humores,
la próxima inocencia
de lo vivo, las familiares
dependencias carnosas, la piel
sonrosada, sanguínea, las venas,
venillas, capilares

De "Caza nocturna" 1997

viernes, junio 23

Los viajeros - Hugo Plascencia Madrid


A los viajeros: Marco Antonio G.
Carlos Cortés, Neri Tello, Juan
Cervantes, Chiva Villalobos.

Sin mirar atrás,
todos iniciamos el mismo viaje
pero los viajeros no tienen estación
la poesía no es un punto cardinal de
Partida, es la brújula.


He mirado a los viajeros
tragarse el filo de las banquetas
y cantar con la garganta en el asfalto.
pero los viajeros no tienen estación
En sus sombreros de mago
cargar la copa rota en metáforas de luna.

Los he mirado en la lágrima de la náusea
apretando recuerdos en el puño de una hoja gillete
en el centro del hígado como pulmón canceroso
en la mano del que tuvo menos suerte
mano de boxeador que acaricia.

Los he mirado en su rol de locospoetasviciosos
tajantemente decir “no” por gusto
con su sarcástica quijada
en la risa de la golfa,
en sus confecciones de nota roja (donde habitan)
hay metáforas heladas como ácidos,
¿ha sido que nublan la vista como esperma y corroe las entrañas?
los he visto me consta disolverse como el polvo
en el malecón de cabo esperanza masticar un adiós de bienvenida
y tragar vidrios en botella las cincuenta y dos semanas
que sumados 5+2 =....... dan los días de cada una
sin perdonar el año bisiesto.
bis
incesto
¿y esto?

Como lobos jauría sitiando a la hembra
hasta so meterse al ver so
dormir con el fuego en los labios
y la sabana encendida en la piel
hasta jubilarse de la esperanza
de cuantos hijos se han ido sin haberlos tenido
en la soledad del mismo puño
tienen la llaga inflama de pensamientos en el pulgar
los mueve el aire etílico de la hembra.

Son el virus que con la enfermedad nos alivia,
el desierto que con la sed se sacia,
el norte que con la brújula nos pierde,
brújula perdida en el bosque de arrabal
como girasol preludio del noctante,
camaleón de dos cabezas
“todo puede suceder esta noche”
el viaje por naturaleza es de las plantas,
los caminos son una vena del desierto
todos los caminos llegan al viaje,
todos los viajes tienen su destino.

Los he mirado como extranjeros nativos
apátridas en países que nunca conocerán
a sabiendas que a la patria nunca se llega
y que la piedras sudan dolor
al pisarlas como flor marchita.

Zapatos tregua del tiempo,
zapatos del mundo,
zapatos que a través del naufragio se pierden en ultramar.

Su historia es la del mormónjudiocristianomultiétnicopederastaargentino
que partió de indocumentado a México.

Los he mirado no reconocer el tiempo en el tiempo,
ausentes estáticos como efímera efigie errante
sudar dolor como piedras de sombra
condenados a vivir lo no vivible,
ahogar el grito de vientre,
¡de que sirve viajar!
siempre se llega a donde mismo
con el equipaje cargado de carbón y azufre
conciliar despiertos el rumbo
jugándosela.

Los viajeros tienen cara de viajeros.

Ellos eructan el quiste fauno,
acampan de día en el sleeping de Morfeo
para por la noche proseguir el camino.

Ellos son el iris de la ira en un ocaso,
los condenados a vivir lo no vivido
ellos son fulano y zutano de tal.

Ahogan el grito en la yugular del aliento.

Trágicos y soñadores hasta los huesos
de amores precarios forjan el destino
como el que vende carne de vaca en la india.

En el alma les rondan las moscas
como en un miembro cercenado,
su corazón es un órgano volátil
alta mente inflamable,
son el emisor y receptor del beso no dado,
en su inventado evangelio de caricias desesperadas
adoctrinan la palabra,
se entregan salvajes y delicados
a la búsqueda del arroyo de agua tibia
que es la antesala del orgasmo.

Su música es la música de los amantes,
de risa, alcohol y silencio,
silencio de cuatro paredes.

Son el espejo de las nubes,
viven en el litoral de la entrepierna,
recorren una y otra vez manejando el timón de la lujuria,
saben que los momentos de pasión
son la aproximación más cercana del ser humano a la inmortalidad.

Tienen piel de presos,
la mirada de gatos enjaulados
adictos a las alturas
equilibristas que se mecen ante el vacío
en el vaivén precipicio del cielo,
para no morder el polvo,
para no morder la muerte,
para no morder:
saben que el fuego es un pájaro con cabeza amarilla de gavilán
cafre con alma de niño que pela la manzana con las uñas y la come
el mundo es esa manzana,
infant con rostro de antifaz
esa máscara es la raza,
saben que cuando la ciudad calla
se escucha caer el mundo
en caída libre.

Acuden a bares de fosa común en días oscuros
como cerveza de barril,
entre meseros que toman nota con letra de doctor
en un ambiente de feria,
hasta que sus vísceras habitan el santuario del silencio
como en un campo santo,
su conciencia es ese bar sin mesas y sillas,
su llanto es el de la minoría como el de las tortugas
donde la lágrima que se derrama es devorada
y no le importa más a nadie,
ellos han elegido el yugo de la creación
fallecer una y otra vez por los otros,
indagar ante las vías del brazo
procesión del tren de la retirada.

Ellos son el autor de la tarjeta postal
que zarpa a la felicidad con el miembro erecto de can,
sabedores de que por el vicio se llega a la virtud.

Los he mirado en falso con espejuelos agudos,
matadores en plaza de toros con estolas litúrgicas,
frente al espejo.

No ha nacido un Goya que pueda trasladar a una pintura ese sufrimiento.


Hugo Plascencia Madrid
Guadalajara, Jalisco. México. 1978.
Estudio la carrera de Letras Hispánicas en la Universidad de Guadalajara. Forma parte del antitaller de poesía “Cesar Vallejo” que coordina Raúl Bañuelos. Fue parte del consejo editorial de la revista espejo humeante, así como promotor en el grupo de difusión cultural el viaje. Ha publicado en: la revista espejo humeante, reverso, mural ( del D.F.), en el periódico de poesía de la UNAM, y en el tríptico el sol y su eco. Es colaborador permanente de la revista el subterráneo de Morelia, Michoacán.
En septiembre del 2003 presentó junto con otros jóvenes creadores, la antología figuración de instantes, de la colección letras versales que edita la Universidad de Guanajuato.

la cara del lodo que nadie quiere pisar.

la cara del lodo que nadie quiere pisar.

quieroserprincesa

quieroserprincesa

jueves, junio 22

No decía palabras - Luis Cernuda

No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.

La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas
hasta abrirse en la piel,
surtidores de sueño
hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.

Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.

Aunque sólo sea una esperanza,
porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe.

MANIFIESTO - Novissima Verba

No hay nada menos cierto que la idea de la universalidad de la poesía, si a esta la entendemos como un fenómeno artístico que no sólo ha abarcado todos los tiempos históricos; sino además influenciado a todos los tipos de hombre a través de los años. ¿Se puede concebir una vida digna, vigorosa y feliz sin poesía? No hay que ser incendiario, profano o un paria visionario para responder: sí, se puede. Se trata más bien de dar respuesta a una pregunta capital con todo el miedo y el desprejuicio posibles. Se trata de no sólo proponernos sino de exigirnos una nueva mirada sobre la misma vieja tabla de barro y percatarnos que no una, sino muchas caligrafías convergen en ella, y todas muy humanas. Queremos decir: nuestra idea de un arte sagrado e irrevocable es ya insostenible. No hablamos del Arte. Hablamos de la poesía como una de las tantas expresiones de esta necesidad del hombre de crear y de llamar a esto creado “Arte”. No nos interesa saber el por qué de la existencia de esta necesidad. Lo que nos interesa saber es si, dispuesto el mundo como está, la poesía se ha transformado en algo inevitable, necesario en el campo de las artes y hasta qué punto puede influenciar a los otros campos de la actividad humana en nuestro tiempo. ¿Qué valor podría tener un acto tan íntimo, solitario y a veces hasta hermético para el desconocido? Y no nos referimos a cualquier desconocido. Es sabido que entre los propios poetas la carencia de diálogo, confianza, espacios promisorios, envidias intestinas y el simple desinterés han ocasionado un refugio cálido y complaciente de tribus cada vez más reducidas, atomizando sus actos y voces. Anquilosada y fragmentada la energía, acariciándose mutuamente los egos ¿Qué podemos decir del común transeúnte, que se detiene en las esquinas, bajo las sombras de los kioskos, y en la apoteosis de su actividad como lector ametralla con la mirada los titulares de los diarios? Quizás volver a complacernos en el conocimiento de que la poesía no está hecha para todos. Pero entonces, qué pensar si un doctor o un obrero, bajo circunstancias particulares de pronto sintieran un hálito de esperanza en medio de su desasosiego al leer un verso o poema de Hölderlin o Miguel Hernández. Podría considerarse entonces una victoria. Casi una justificación. Pero no se trata de nuestra victoria, no de nuestra justificación. Permítase a los muertos sentirse satisfechos. A los vivos no. Para los vivos, el camino aún no ha llegado ni a la mitad de nuestro fin. Queda mucho por escuchar y mostrar. Entonces, aquel acto si tendría un sentido, por más íntimo, solitario, hermético o inservible que pueda ser. Y en ese sentido, un Festival de Poesía no puede ser más un encuentro de vanidades. Mucho menos la dirección política de un puñado de intelectuales “socialmente concientes” Es hora de que los poetas empiecen a hablarnos libremente y nos digan algo que sobrepase sus propios egos. Es hora de mirarnos a los ojos y saber que nos está pasando.

Lea el texto original aquí

Palabras van y vienen

Palabras van y vienen

martes, junio 20

Prosas Apátridas - Julio Ramón Ribeyro

Los dos barrenderos franceses de la estación de metro, con sus overoles azules hablando en argot, gruñendo más bien, acerca de su trabajo. ¿En qué los ha beneficiado la Revolución Francesa? Escala ínfima de los ferroviarios. Inútil preguntarles qué opinan sobre la guerra de Vietnam o la fuerza nuclear. Son justamente los tipos que hacen fracasar los sondeos de la opinión pública. ¿Culpa de ellos? ¿culpa del sistema? Cabe pensar que la Revolución Francesa, toda revolución, no soluciona los problemas sociales sino que los transfiere de un grupo a otro no siempre minoritario. Este endoso no se produce necesariamente en el momento de la revolución, sino que puede diferirse durante años y decenios. Es cierto que 1789 produjo la burguesía más inteligente del mundo, pero al mismo tiempo miles de epiceros, de conserjes y de barrenderos de metro.

***

Lo fácil que es confundir cultura con erudición. La cultura en realidad no depende de la acumulación de conocimientos incluso en varias materias, sino del orden que estos conocimientos guardan en nuestra memoria y de la presencia de estos conocimientos en nuestro comportamiento. Los conocimientos de un hombre culto pueden no ser muy numerosos, pero son armónicos, coherentes y, sobre todo, están relacionados entre sí. En el erudito, los conocimientos parecen almacenarse en tabiques separados. En el culto se distribuyen de acuerdo a un orden interior que permite su canje y su fructificación. Sus lecturas, sus experiencias se encuentran en fermentación y engendran contínuamente nueva riqueza: es como el hombre que abre una cuenta con interés. El erudito como el avaro, guarda su patrimonio en una media, en donde sólo cabe el enmohecimiento y la repetición. En el primer caso el conocimiento engendra el conocimiento. En el segundo el conocimiento se añade al conocimiento. Un hombre que conoce al dedillo todo el teatro de Beaumarchais es un erudito, pero culto es aquel que habiendo sólo leído "Las Bodas de Fígaro" se da cuenta de la relación que existe entre esta obra y la Revolución Francesa o entre su autor y los intelectuales de nuestra época. Por eso mismo, el componente de un tribu primitiva que posee el mundo en diez nociones básicas es más culto que el especialista en arte sacro bizantino que no sabe freír un par de huevos.

Autopsicografía - Fernando Pessoa


El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que llega a fingir que es dolor
el dolor que de veras siente.

Y los que leen lo que escribe
en el dolor leído siente bien,
no los dos que él tuvo
mas sólo el que ellos no tienen.

Y así en los rieles
gira, entreteniendo la razón,
ese tren de cuerda
que se llama el corazón.

miércoles, junio 14

CANCIÓN DE ANIVERSARIO

Porque son ya seis años desde entonces,
porque no hay en la tierra, todavía,
nada que sea tan dulce como una habitación
para dos, si es tuya y mía;
porque hasta el tiempo, ese pariente pobre
que conoció mejores días,
parece hoy partidario de la felicidad,
cantemos, alegría!

Y luego levantémonos más tarde,
como domingo. Que la mañana plena
se nos vaya en hacer otra vez el amor,
pero mejor: de otra manera
que la noche no puede imaginarse,
mientras el cuarto se nos puebla
de sol y vecindad tranquila, igual que el tiempo,
y de historia serena.

El eco de los días de placer,
el deseo, la música acordada
dentro en el corazón, y que yo he puesto apenas
en mis poemas, por romántica;
todo el perfume, todo el pasado infiel,
lo que fue dulce y da nostalgia,
¿no ves cómo se sume en la realidad que entonces
soñabas y soñaba?

La realidad —no demasiado hermosa—
con sus inconvenientes de ser dos,
sus vergonzosas noches de amor sin deseo
y de deseo sin amor,
que ni en seis siglos de dormir a solas
las pagaríamos. Y con
sus transiciones vagas, de la traición al tedio,
del tedio a la traición.

La vida no es un sueño, tú ya sabes
que tenemos tendencia a olvidarlo.
Pero un poco de sueño, no más, un si es no es
por esta vez, callándonos
el resto de la historia, y un instante
—mientras que tú y yo nos deseamos
feliz y larga vida en común—, estoy seguro
que no puede hacer daño.

Jaime Gil de Biedna

EL MAL MIRADO FÚTBOL Y SUS ILUSTRES CABEZAS DE PELOTA - 32 cascos de intelecto


Antonio Valencia. Nacion Domingo

El divorcio músculo-cerebro suma un siglo atormentando al fútbol, a los futboleros y, a decir de Kipling, “a los idiotas que lo juegan”. Pero así como Borges conferenció sobre la inmortalidad en pleno Mundial del ’78, desde Kundera a Nabokov, desde Eco a Gramsci y desde García Márquez a Parra se arma una galería para gritar gol con todas sus letras.
En qué se parece el fútbol a Dios?”, se interroga el uruguayo Eduardo Galeano. “En la devoción de muchos creyentes y en la desconfianza de muchos intelectuales”. Y sigue. “Los de derecha dicen que es la prueba de que el pueblo piensa con los pies y desde la izquierda descalifican porque el fútbol castra a las masas, desvía la energía revolucionaria, los obreros atrofian su conciencia y se dejan llevar por sus enemigos de clase”.
Con desdén y arrogancia -o simple esnobismo-, no pocos intelectuales toman asiento en un pedante palco para defenestrar el rito, ridiculizar a esa idiotizada multitud que se desvive mendigando un gol o una jugada de aquellas, y despojar de toda belleza al balompié devenido en arte y destreza. Entonces, sus cultores aparecen como una tribuna siempre sospechosa de ser una tropa de ignorantes.
En 1880 el escritor inglés Rudyard Kipling increpó al fútbol y “las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan”. El argentino Jorge Luis Borges lo tildó de “deporte estéticamente feo: once jugadores contra once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos. Mucho más lindas son las riñas de gallos”, despotricó.
Borges junto Adolfo Bioy Casares (“Fui un buen centroforward”, reconoció), publicaron un cuento de fútbol bajo el seudónimo H. Bustos Domecq. La dupla explicó más tarde que la creación de “Bustos Domecq encauza nuestro descontento con las supersticiones y defectos de los argentinos”.
Osvaldo Soriano -además pasional hincha de San Lorenzo cuyas emociones vitales “más fuertes fueron un instante en una cancha, jugando con los amigos, y un instante a solas, escribiendo una línea”- observaba el abismo. “Pareciera que el que piensa está peleado con el cuerpo, y el que usa el cuerpo desdeña el pensamiento”, decía el ‘Gordo’, mientras Galeano regañaba: “Los intelectuales aman la humanidad pero desprecian a la gente”.
‘Fútbol a sol y sombra’ fue escrito por Galeano para contribuir “a la conversión de los paganos, para que los devotos del fútbol dejen de temerles a los libros y para la gente que se horroriza con la palabra fútbol empiece a vencer sus prejuicios. Por suerte, muchos intelectuales han salido del armario”.
Claro está que toda defensa de este deporte, si no es por el encanto que marca desde la niñez o por el fértil entorno narrativo que regala, nace y se sustenta con el buen fútbol, los grandes equipos y los astros de todos los tiempos, no con partidos de morondanga ni mamarrachos patadura con talento de tronco. Pasa lo mismo con textos de toda especie, pues también existen los intelectuales de pacotilla.

TABLÓN LETRADO
En fin. Tras presenciar el partido Junior-Millonarios, el ilustre Gabriel García Márquez escribió ‘Juramento’ y concluyó sin rodeos: “No creo haber perdido nada con este irrevocable ingreso que hoy hago -públicamente- a la santa hermandad de los hinchas. Lo único que deseo, ahora, es convertir a alguien”.
La galería de hinchas-escritores es generosa: Rafael Alberti (que llegó a dedicar un poema a Platko, golero húngaro del Barcelona), Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Miguel Hernández, Ernest Hemingway, Camilo José Cela, Roberto Fontanarrosa, Augusto Roa Bastos, Jorge Amado, Ernesto Sábato, Miguel Delibes, Rubem Fonseca, Joan Manuel Serrat (y su canción a Kubala), Manuel Vázquez Montalbán, Alfredo Bryce Echenique, Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Ribeyro o el mexicano Juan Villoro. La frase del español Javier Marías explica bastante: “El fútbol es la recuperación semanal de la infancia”.
Wim Wenders rodó el filme ‘El miedo del portero ante el penalty’, basada en la novela de Peter Handke. Pier Paolo Pasolini, poeta, narrador y cineasta italiano, concluyó que “el fútbol es un sistema de signos. Las palabras del lenguaje del balompié se forman exactamente como las palabras del lenguaje escrito-hablado”.
Ahora bien, si el pensador italiano Antonio Gramsci llegó a calificar al fútbol como “este reino de la lealtad humana ejercida al aire libre”, su compatriota Umberto Eco, filósofo, semiólogo y novelista, confesó no tener “nada contra el fútbol. Si se tercia, me veo un buen partido con interés y gusto en la televisión, porque reconozco y aprecio todos los méritos de este noble juego. No odio el fútbol, odio a los apasionados del fútbol”. Edgar Morin, intelectual francés, decretó: “No veo el fútbol como una forma de alienación moderna, lo siento más bien como una poesía colectiva”.
El checo Milan Kundera marcó su territorio en la cancha y la pelota. “El fútbol -sostuvo-, es un pensamiento que se juega, y más con la cabeza que con los pies (...) Tal vez los jugadores tengan la hermosura y la tragedia de las mariposas, que vuelan tan, tan alto y tan bello pero que jamás pueden apreciar y admirarse en la belleza de su vuelo”.

DE LA CUNA AL CAJÓN
Lo que sigue es del novelista, poeta y crítico estadounidense Vladimir Nabokov: “Sin duda tuve mis días brillantes, de grandes estímulos. El agradable olor del pasto, el famoso delantero de la liga universitaria que, driblando, se acercaba cada vez más a mí, la nueva pelota leonada sobre sus dedos centelleantes, luego, el disparo quemante, el afortunado salvamento, el estremecimiento prolongado que producía. Pero hubo otros días más memorables, más esotéricos, bajo cielos deprimentes, con el área de gol convertida en una masa de lodo negro, la pelota tan grasosa como un budín de ciruelas...”.
Al igual que Nabokov, Albert Camus libró batallas bajo los tres palos. “Debuté en 1928 con el club deportivo Montpensier y pronto aprendí que la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga. Eso me ayudó mucho en la vida. Después, en el Racing de la Universidad de Argel estaba encantado. Lo importante para mí era jugar. Me devoraba la impaciencia del domingo al jueves, día de práctica, y del jueves al domingo, día del partido (...) Después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé acerca de moral y de las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol”.
Pablo Neruda y su pluma dieron vida a ‘Los Jugadores’ (Crepusculario, 1923), y más preciso fue en ‘Colección Nocturna’ (Residencia en la Tierra, 1935): “Sobre nichos de niñas desnudas/ entre jugadores de football/ del viento ceñidos pasamos”. Ramón Díaz Eterovic se escapa a ver a Magallanes y en su libro ‘El poeta derribado’ aparece un verso al Mundial del ’62. Hernán Rivera Letelier jugó por la selección de Chañaral y regaló el poema ‘El llanto del guardavallas’.
Miguel Serrano se confiesa admirador del fútbol (“Y jugué al arco en el Barros Arana”, dice), y Jorge Tellier dedicó versos a ‘La Copa Libertadores’ y ‘El mismo eterno partido de fútbol’.
Floridor Pérez, hincha del Wanderers, trabajó diez años para lanzar ‘Poesía Chilena del Deporte y los Juegos. Desde el Siglo XVI al XXI’, un texto que cerca el estadio a la biblioteca. Buena parte de los versos está dedicado al fútbol: Roque Esteban Scarpa, Miguel Arteche, Clemente Riedemann, Mauricio Redolés, Oscar Montealegre, Claudio Bertoni, Erick Pohlhammer, Hernán Miranda, Naín Nómez y Nicanor Parra.
Desde España, el argentino Jorge Valdano, que ha conjugado el fútbol jugando, dirigiendo y escribiendo, festejó el libro y a los “cien atletas del verbo”. “Con el deporte piensa el cuerpo, creando movimientos originales en busca de la satisfacción y del desafío. Esa aventura merece ser dignificada por la palabra. Este libro es una pelota cuadrada, un bello homenaje que la mente le hace al cuerpo”.
Turno para Nicanor Parra. En ‘Los profesores’ (1985), refunfuña por aquellos maestros que lo “volvieron loco a preguntas que no vienen al caso”. Etimología de la palabra etimología, a qué familia pertenece la vaca, qué entiende Kant por imperativo categórico o cómo se explica la paradoja hidrostática. “No tenían para qué molestarse en molestarnos de esa manera (...) A nuestros ojos el mundo se reducía al tamaño de una pelota de fútbol/ y patearla era nuestro delirio/ nuestra razón de ser adolescentes/ hubo campeonatos que se prolongaron hasta la noche/ todavía me veo persiguiendo la pelota invisible en la oscuridad.”
Como con visera y buzo, el antipoeta se encarga en ‘Ultimas instrucciones’ de prever su encuentro con la oscuridad: “Estos no son coqueteos imbéciles. Háganme el favor de velarme como es debido (...) con los siguientes objetos”, ordenó. “Una bacinica floreada, mis gafas negras para manejar, un ejemplar de la Sagrada Biblia” y, claro, “un par de zapatos de fútbol”.

A Borges le gustaba el fútbol



Cae un nuevo mito en el mundo de las Letras. El escritor era simpatizante de Newell´s.
Por Jorge Alvarez Pieroni, para LA GACETA On Line.


De regreso de un corto período de vacaciones encontré un documento, una biografía no autorizada del genial escritor Jorge Luis Borges. Yo entrevisté en el geriátrico a su autor, el licenciado Harold Macoco Salomón, un nonagenario artista plástico amigo del Georgie, y él me certificó lo siguiente.

“En una siesta de un frío mes de junio del año treinta y pico, Georgie, yo y otros intelectuales decidimos enfrentarnos a unos cuchilleros de Boedo.”. El partido de fútbol, deporte por el cual Borges era un apasionado, recuerda Salomón, sería jugado en 2 tiempos de 40 minutos. “Y Georgie menudito como era, tenía un despliegue como N° 8, que impresionaba. Bioy Casares, por ese entonces un hábil centrodelantero nuestro, lo apodaba El Pulpo. Con una gran actuación de nuestro arquero, Bustos Domec, el primer tiempo concluyó sin que se abriera el marcador”, rememora Salomón.

“Ese día Bustos Domec, Arlt, Echeverría y Carriego, el Georgia, Petit de Murat, Güiraldes y Quiroga, Xul Solar, Bioy Casares y Cortázar salimos a la cancha de Palermo”, añade.

Con disimulo observo que el anciano ya se orinó por segunda vez. Sus pies están, literalmente, sobre un gran charco.

“Algo que cambió la vida sucedería minutos más tarde. En un córner, en nuestra área, el Georgie saltó a cabecear, pero perdió el equilibrio al ser empujado y antes de caer al suelo su frente se topó con la rodilla de El Flequillo Soraire, un fornido moreno, que jugaba de wing izquierdo de los cuchilleros”, sigue narrando el anciano.

“El golpe fue tremendo. Borges cayó al césped fulminado. No se movía. Petit de Murat, Bioy, Carriego, Horacio Quiroga y yo corrimos de inmediato a su lado. Roberto Arlt, Güiraldes y Bustos Domec aún no salían de su asombro. Soraire y su trouppe maloliente se reían de lo que a ellos les parecía una mariconeada”.

El anciano continúa: “lo cargamos en el auto de Bioy. Pasamos por el Hospital de Clínicas y lo revisó el doctor Click Here, un neurólogo de vasta experiencia. La frente, los arcos y la nariz eran de color morado negro. La inflamación, sin exagerarle, era impresionante. Cuando el Georgie volvió en sí afirmaba que veía mal, borroso. Nos preguntó si le habíamos visto el número de matrícula al auto que lo había atropellado. Xul Solar lo calmó. Yo atiné a decirle que habíamos ganado 1 a 0 y Cortázar no hacía otra cosa que fumar…”.

Según el anciano, en ese momento el galeno tomó del brazo a Bioy Casares y comenzó a caminar por un pasillo del hospital, donde le dijo que por los signos y por los síntomas que presentaba Borges, se le habían desprendido ambas retinas, producto del golpe, y con el tiempo quedaría ciego.

“Así fue como mi amigo Georgie perdió la vista. Borró de su memoria lo sucedido aquella tarde. No existió más el fútbol, ni su amado Newell´s Old Boys -me acota Salomón que sólo un equipo con un nombre inglés podría haber subyugado a Borges- y después, cuando se fue haciendo viejo hasta se refería irónicamente a este deporte. Pobre el Georgie”.

“Doña Leonor, su madre, le leía libros de Literatura escandinava en la semipenumbra durante horas y horas. A su muerte no le quedó otra opción para vivir, que aprender a escribir. Sus amigos nunca lo quisimos contrariar en nada a partir de entonces. Con decirle mi amigo que hasta el fin de sus días el Georgie en la intimidad la llamaba ‘mi uruguayita’ a la Kodama, porque nosotros siempre le dijimos que María era oriental”, cuenta Salomón.

“Menos mal que ya no veía nada. Si hubiera encontrado a su lado a una flaca, amarilla, de ojos rasgados y feíta, para colmo, mi amigo el Georgie no lo hubiera soportado. Lo habría salido a buscar al cuchillero Soraire para hacerse patear la cabeza”, terminó su relato Julio Macoco Salomón. Así, de esta manera, cae un nuevo mito en el mundo de las Letras: a Jorge Luis Borges sí le gustaba el fútbol, era simpatizante de Newell´s y por su práctica perdió para siempre la vista. La nostalgia lo convirtió en un gran escritor”.

Lea la nota en La Gaceta, on line.

martes, junio 6

Sobre la edad madura de Jaime Gil de Biedma

Una tarde de hace 19 años los autores aparecieron en la casa de Jaime Gil de Biedma (noviembre de 1929-enero de 1990), en la calle del Maestro Pérez Cabrero, de Barcelona, dispuestos a conversar sobre el proceso de la creación literaria. Los autores querían reunir una serie de entrevistas sobre el asunto y preguntaron, durante varias horas, con avaricia veinteañera. La noble simpatía del poeta dio a aquel encuentro un tono inolvidable: el paso del tiempo no ha apagado su risa volcánica ni la extrema lucidez y pertinencias de sus respuestas, hasta hoy inéditas.

¿Para quién se escribe?

Uno escribe, sobre todo cuando es joven, para unos cuantos amigos. Quizá también para fastidiar a alguien..., y luego, claro, para unos cuantos poetas anteriores que él admira.

Usted siempre ha hecho una clara distinción entre poema y poesía.

Claro, poesía es lo que el lector experimenta leyendo el poema, no lo que al poeta le ocurre mientras lo escribe. Al poesía es el poema asumido en el momento de la lectura. Un poema no se hace para escribirlo, sino para que sea leído, incluso por uno mismo.

La distinción es difícil de apreciar en poemas como Pandémica y Celeste o Albada.

El personaje de Pandémica está realmente muy asumido por mí. Además está escrito para destinatarios muy concretos, amigos míos. El distanciamiento es más visible en mis primeros poemas. En Idilio en el café está el germen del personaje que acabaría siendo el poeta Jaime Gil de Biedma. En cierta época de mi vida, a finales de 1957, yo escribía casi de corrido, automáticamente, sin elaboración. En mi primer libro, Compañeros de viaje, hay tres poemas cuyo origen está en un texto automático. Son Idilio en el café, Canción para este día y Aunque sea un instante.

¿Eso quiere decir que usted admite lo que algunos escritores llaman "estado de trance" a la hora de pasar una idea al papel?

Depende mucho del temperamento del escritor. Yo creo que, sustancialmente, el proceso de creación es siempre el mismo, aunque varíe con la edad y la experiencia que se adquiera. O por lo menos así ha sido en mi caso. No importa que se realice a la máxima velocidad, que la realización sea casi inconsciente, porque cuando el escritor ha acumulado con los años su carga de experiencia vital, la selección se hace de forma instintiva, automática. Nadie, ni siquiera el lector más avezado, es capaz de distinguir en un poema lo que se ha creado como un relámpago y aquello que ha sido minuciosamente elaborado.

Se supone que con la edad uno se va haciendo menos automático.

Puede. Sin embargo no siempre ocurre así. Por ejemplo, en Tierra baldía, de Elliot, hay un pasaje que está escrito casi automáticamente, pero el resto está muy elaborado. Si Elliot no te dice cual es, resulta imposible distinguirlo. De todas formas, creo que escribir en trance es propio de la juventud. Yo recuerdo que al principio tenía la sensación de que alguien me estaba dictando. ¡Y a veces no uno sólo, sino varios, ja, ja, ja...! Para que el trance se produzca en la edad madura se requiere llevar una vida muy especial, muy rara, muy insólita, como en el caso de Rilke. Cuando lees de mayor a Rilke, que es un gran poeta, te parece impensable su personaje del poeta. A los 38 años Rilke aún escribía al dictado. Pocos poetas pueden ponerse en trance a esa edad.

Resulta paradójico, porque a esa edad los hipotéticos interlocutores que dictan deberían ser más numerosos.

Sí, lo que pasa es que uno ya va conociéndolos, ja, ja, ja... Además, a medida que avanza en edad, el intelecto se hace más comparativo, tiende más a lo abstracto. Se produce un desplazamiento en el interés, incluso por lo que respecta a uno mismo. De joven, lo que realmente te interesa de ti es aquello que te parece único en ti, que no se da en los demás. Aquello, en fin, en que uno no es hijo del vecino. Me acuerdo siempre de una frase que me dijo Vicente Aleixandre cuando yo tendría veintiún años, y hablando de los problemas con los padres, en fin, esas cosas, me dijo que una vez le había dicho a su padre: "Es que hay algo en mí que no es hijo de los señores Aleixandre". Y ahí está el germen de esa distinción entre el Hijo de Dios y el Hijo del Vecino. A partir de la edad madura, cada vez te va interesando más aquello que tienes absolutamente afín a los demás. Resulta mucho más fascinante lo genérico que lo que es único en ti.

Usted se ha referido en alguna ocasión a "la abolición de aduanas poéticas". ¿Cómo hay que entender eso?

Lo fundamental es que la poesía intenta recrear una realidad donde el divorcio, que es un divorcio sin concesiones a partir del siglo XVII, entre las significaciones y los valores, por un lado, y las cosas y los hechos por otro, ha desaparecido. La poesía debe aspirar a dar una imagen del mundo, que no sea una interpretación única de la realidad, en que exista una identidad entre la cosa y su significación, entre el valor y el hecho. La poesía moderna tiene que crear una identidad y, al tiempo, un mecanismo comunicativo con el lector que le permita tener la conciencia que esa identidad es subjetiva y precaria, que no se extiende más allá del poema.

¿Usted cree que su poesía es popular?

Para lo que puede ser una poesía moderna, sorprendentemente sí. Siempre y cuando tomemos el término popular en un sentido muy restringido, el que expresa la disponibilidad de ser leída con placer por personas que no son habituales lectores de poemas. Lo que ocurre, por otra parte, es que la poesía moderna está concebida para gentes que leen poesía, que también escriben..., o para catedráticos. Cosa que sucede también con la pintura. La pintura moderna está hecha para galeristas y coleccionistas. Yo he tenido la suerte, hasta cierto punto, de escapar a esa perversión de la poesía moderna. No es nada recomendable leer un poema con la preocupación o la angustia de si lo vas a entender o no, que es precisamente la actitud que toman los lectores sofisticados, escritores frustrados o catedráticos instalados. Creo que hay que ser absolutamente vulgar para leer poesía.

En la actualidad no escribe, o por o menos no publica. ¿No le produce angustia?

Existió la angustia. Realmente me gustaría escribir, pero soy consciente de que lo haría peor que hasta ahora y eso, además de no gustarme nada, me produce pánico. Estoy convencido de que los poemas que pudieran surgir serían peores.

¿Por qué?

He dicho antes que una gran parte de la poesía moderna, y desde luego también la mía, consiste en la búsqueda de una identidad. Y llega un momento que, en mi caso, esa identidad es reconocida y asumida: finalmente me reconozco en una identidad, después de muchos años creándola a través de mis poemas. Si buceamos en los poemas que he escrito encontramos dos claros ejemplos de lo que digo: Contra Jaime Gil de Biedma y Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma. Ahora bien, escribir poesías es, por encima de todo, imaginación, lo cual implica cierto distanciamiento. En el instante en que una identidad inventada es de verdad asumida, el ciclo se cierra. Es decir, uno de los motivos por los que no escribo poesía es porque el personaje de Jaime Gil de Biedma que yo inventé y logré asumir ya no me lo puedo imaginar. La demostración de lo que estoy diciendo ocurrió en uno de los primeros poemas que empecé a escribir hace cinco años, después de un largo paréntesis de abstinencia literaria. Alguien me preguntó lo que ahora me preguntáis, y en un viaje a Nueva York se me ocurrió crear un poema para verificar si mi tesis acerca del porqué no podía escribir era cierta o no. Lo era. Era incapaz de imaginarme como personaje porque el personaje Jaime Gil de Biedma en lugar de tener cincuenta años tenía setenta y cinco...

Humm... Imaginarse viejo...

Pasar directamente a la vejez porque siempre he pensado que las únicas edades que en la vida tienen argumento son la infancia, la adolescencia, la juventud y la vejez; la edad madura es una tierra de nadie donde a uno no le pasa nada íntimo que no sean dolores de cabeza; la vida, paradójicamente, se te acorta de una forma alarmante, porque te pasas el día angustiado por el miedo a morir. Cuando me decidí a escribir un poema sobre Jaime Gil de Biedma con 75 años me di cuenta de que imaginar al personaje con esa edad resultaba deprimente. No pude continuar. Hay dos poetas modernos a los que envidio porque se enfrentaron a este mismo problema y lo lograron solucionar: Antonio Machado con sus apócrifos, Abel Martín y Juan de Mairena, Y Pessoa con sus heterónimos. Sobre todo, Pessoa, uno de los mejores poetas del siglo XX. Por otra parte, quizá haya falta de ganas, pereza vital, falta de imaginación, de energía. Cuando uno ha perdido el oficio, en fin.

¿Llega un momento en que la palabra no sirve ni como recurso?

Lo que llega es un momento en que pierdes la fe en la literatura.

¿También en la palabra?

Hay una cosa rarísima en la vocación literaria. Yo puedo imaginar que haya alguien que rompa a bailar sin haber visto nunca bailar; o a esculpir sin haber visto jamás una escultura; o a pintar sin haber visto jamás un cuadro. Pero no me imagino a nadie escribiendo sin haber leído. Creo que la vocación de escribir es un resultado de la vocación de lector. Y a partir de ahí entra en juego un elemento significativo que define a todo escritor: el narcisismo. A lo que aspira uno cuando escribe, inicialmente y de modo inconsciente, es a leerse a sí mismo. Uno empieza a escribir para sí mismo, a leerse a sí mismo como si fuera otro.

Difícil ejercicio...

Imposible. Uno nunca se lee a sí mismo, ja, ja, ja..., como si fuera otro. Y cuando alcanza a leerse a sí mismo como si fuera otro, al cabo de los años, ese otro es tan aburrido, ja, ja, ja..., o irritante, que es peor. Y uno se da cuenta al final, por lo menos en mi caso, de que no aspiraba tanto a ser poeta como a ser poema, a leerse como si uno fuera el poema y el poeta fuera otro. En ese sentido, uno, con los años, ha dejado de creer en la posibilidad de leerse a sí mismo como si fuera otro, sobre todo cuando, con el paso y el peso del tiempo, uno ha perdido la memoria de cómo se escribió el poema.

Se ha referido en alguna ocasión a "la pérdida de la capacidad de conversación".

Ah, claro. La conversación, estéticamente, es algo mucho más importante que la poesía. Lo que me sigue fascinando, de lo que sigo teniendo ganas es de hablar, de hablar con intenciones estéticas, creando efectos, por divertirme y divertir a los demás. La palabra como hecho estético es algo previo y fundamental para la literatura escrita. Donde no se habla bien es difícil que se escriba bien. Y hablar bien significa halar de una manera divertida, inteligente, coherente y que produzca un efecto estético en los oyentes. Y un placer en el hablante.

"Entrar en literatura como se entra en religión", otra frase suya.

Bueno, es un concepto aplicable a la literatura francesa de afiliación simbolista del último tercio del siglo XIX. Fue un tiempo en el que el escritor decidió hacer abstracción del público en general y decidió escribir para él y para unas cuantas personas de su capilla literaria. Y decidió también, así, sin más, que en la vida no tenía nada que hacer. La literatura ha sido tan desvirtuada en un artículo de consumo que llegará un momento en que la gente que se la tome en serio volverá a meterse otra vez en las catacumbas, como ya hicieron Mallarmé o Verlaine. Esta será la salida en el futuro.

No para usted.

Lo que ocurre es que yo no hago vida de escritor. El personaje no sale a pasear, no sabría qué hacer con otros personajes literarios. Soy un hombre que ha escrito poemas, ensayos, pero nada más. En mis relaciones personales me siento más cómodo entre ejecutivos, aunque no tenga nada que ver con ellos, que con escritores que no sean directamente amigos míos, como Barral o Marsé. Y como resulta que ser escritor ha sido una vocación profunda, el hecho de identificarme con el personaje literario me produce una incomodidad que no siento con mi personaje de ejecutivo. Además de representarlo mejor, no me incomoda porque no apuesto nada en ello.

¿La lejanía entre sus mundos y sus personajes no le han conducido a una cierta esquizofrenia?

¡Siempre que sea controlada y voluntaria, la esquizofrenia está muy bien, ja, ja, ja...! Me he pasado años diciendo que vivía en un estado de esquizofrenia controlada y deliberada, conectando y desconectando cables según el lugar donde me encontraba. Lo que ocurre, en realidad, es que esta situación está ligada con la idea de proyecto de identidad que uno tiene. La identidad de uno es apasionante solamente cuando se convierte en proyecto. Recuerdo con verdadero placer esa época maravillosa de juventud cuando salía del trabajo y me iba a casa a sentarme frente a una hoja en blanco y pensaba: ahora, finalmente, soy yo mismo, mi proyecto de yo. Era la contraposición entre mi proyecto de yo y el yo que representaba en la oficina. Claro, esa sensación de, "finalmente, ahora, soy yo mismo", ya no la tienes. Ahora podría escribir mejor o peor, pero ya jamás sentiré frente a la cuartilla en blanco esa sensación de identificación con uno mismo, que era uno de los premios de escribir.

¿Cuándo escribía necesitaba algo a su alrededor para poder hacerlo?

Mecánicamente, nada. Anímicamente, disponibilidad.

Ningún ambiente concreto, ningún escenario particular...

Nada más que disponibilidad. He llegado a construir la parte central de un poema mientras hablaba durante dos horas en una reunión de negocios. La verdad es que he escrito muy poco los poemas. Muchos de ellos están compuestos mentalmente mientras realizaba otras actividades cotidianas, conducir, ducharme, asistir a reuniones..., ésa es una de las ventajas de la poesía, que necesita escribirse poco. Lo que a mí me resulta insoportable es la prosa, además de agotadora, es que es imposible componerla mentalmente.

Carlos Barral la dicta.

Sí, la dicta. Pero es que a Carlos le entusiasma oír su propia voz. Y además dicta muy bien. A mí me aburre el sonido de mi propia voz. Yo a Carlos le he visto dictar en alguna ocasión y debo reconocer que es un espectáculo orgiástico. En el fondo se está poseyendo a sí mismo.

Hace un rato, antes de que sonara el teléfono, había comenzado a hablar de la concepción de un poema como una metáfora militar.

Ah, sí. Mi metáfora favorita para explicar cómo se escribe un poema es una ofensiva militar en la que uno es, a la vez, general jefe del Estado Mayor, capitán de compañía en primera línea y soldado en la trinchera más próxima al enemigo. Pues bien, aún siendo uno solo en las tres posiciones, las transmisiones entre todos no acaban de funcionar muy bien, ja, ja, ja..., y las confusiones en las órdenes son continuas. Eso quiere decir que siempre que uno se pone a escribir un poema es mejor fiarse del general jefe del Estado Mayor: en caso de duda volver a la idea original del poema, al plan inicial de la ofensiva. Porque cuando uno es soldado o capitán de compañía se empeña en defender posiciones que dentro de la estrategia general no tienen importancia, aunque sean bonitas o incluso heroicas. Si no son operacionales, no sirven. En la poesía pasas exactamente igual: pueden aparecer unos versos maravillosos, pero si no encajan en la idea general del poema hay que desecharlos. Hay que servir fielmente a la idea general del poema que has concebido. De lo contrario, es muy fácil hacer concesiones fáciles, recurrir a criterios apreciativos falsos. No queda más remedio que ser rigurosos.

Pero la idea es uno mismo.

Sí, es uno mismo pero convertido en un demonio que te posee y que a la larga tiene las ideas más claras que tú de los que debe ser y de lo que jamás podrá ser. Una de las pocas veces que me he dejado dominar por la traición a mí mismo queda reflejada en un poema de Moralidades que se titula "Concepciones poéticas". Me forcé porque debía entregarlo en una fecha determinada. Y acepté la fecha y me equivoqué. Es el poema que más veces he corregido, alterado, variado, modificado en sucesivas ediciones. Y me ha ocurrido porque nunca he tenido ideas claras de cómo debía ser realmente la configuración última del poema. Me forcé y se desvirtuó la idea original. Jamás la pude recuperar. La inspiración en la que yo creo no es más que la obsesión. La necesidad obsesiva de sacar adelante el poema es vital, porque la idea queda instalada en tu interior y no te deja pensar en otra cosa.

Pero al mismo tiempo limita el propio desarrollo del poema.

Claro. Limitarse es una de las cosas más importantes para un poeta. El arte es hijo de la limitación.

¿Se da la añoranza por lo que uno habría podido llegar a ser y nunca fue?

A cierta edad, amigos, esos sentimientos desaparecen. La añoranza sirve mientras te reconoces en lo que habrías podido ser. Cuando esa sensación desaparece, desaparece también la añoranza.

En lo que escribió a propósito de la muerte de Costafreda, dice que la única nostalgia que no desaparece con el tiempo es la nostalgia de no haber sido el gran poeta que siempre había soñado ser.

No, no es eso. Lo que yo admiro en Costafreda es que cuando descubrió que nunca sería el gran poeta que había soñado ser, no quiso ser ni aparentar ninguna otra cosa.

En ese mismo texto hay un detalle que llama la atención. Describe un encuentro especificando el cruce de calles donde se produce.

Una de las virtudes de escribir poesía de joven es que uno está convencido de que lo que le está pasando a él es único y que no le pasa a nadie más en el mundo. Y entonces, claro, para que los demás lo asuman de esa forma, sean conscientes de tu originalidad, y escuchen tu aullido entre tantos aullidos, uno se ve en la necesidad de dar pelos y señales. Cuando uno es mayor ya no se toma la molestia de dar demasiadas explicaciones porque sabe que con un botón de muestra es suficiente: ya sabe que a todo el mundo le ha pasado lo mismo. Ahora bien, esa esquina de la Rambla de Catalunya que aparece en el texto sobre Costafreda tiene su razón de ser. La literatura clásica, aunque sea narrativa o memorialística, no es nunca descriptiva. Transcurre siempre en un nivel de comunicación, de elaboraciones conceptuales y rara vez se para a describir algo. Esta circunstancia hace que cuando se alude a algo concreto y específico resalte y quede ahí para siempre, como una instantánea fijada en el tiempo y en el espacio. Por ejemplo, en las memorias del cardenal de Retz eso sucede con asiduidad.

La poesía no suele optar por la descripción.

En poesía, el único error es escribir malos poemas.

© Arcadio Espada / Ramón Santiago, Babelia, El País, 12 de agosto de 2000.

lunes, junio 5

Una muchacha para los tigres

Mario Vargas Llosa, escritor

El 2 de noviembre de 2004, Mohamed Bouyeri, un fanático islamista de 26 años asesinó a balazos en Holanda al cineasta Theo Van Gogh.
Luego de matarlo le clavó en el estómago con su cuchillo un mensaje con amenazas a Ayaan Hirsi Ali, la joven somalí, nacionalizada holandesa, que había escrito el guion de un corto cinematográfico, "Sumisión", dirigido por Van Gogh sobre las violencias físicas y psicológicas que padece la mujer en las sociedades sometidas a las prácticas coránicas. En su poema el asesino profetizaba que Ayaan Hirsi Ali, "herética" y "vendida a los judíos", pagaría tarde o temprano sus impiedades contra la religión de sus mayores.
La venganza de los fanáticos contra la parlamentaria y activista holandesa-somalí, de 37 años, que desde hace un par de lustros lucha de manera denodada por los derechos de las mujeres musulmanas ha comenzado a hacerse realidad, a través de la inesperada mediación de Rita Verdonk, la ministra de Inmigración de Holanda, una señora de ceño fruncido y mandíbula cuadrada y, para colmo, miembro del Partido Liberal al que pertenece Hirsi Ali, que, la semana pasada, alegando que esta había falseado su testimonio al pedir su naturalización, la despojó de la nacionalidad holandesa. Hirsi Ali debió renunciar a su escaño parlamentario.
Esta medida había sido precedida por otra, no menos repelente y cruel contra Ayaan Hirsi Ali: el fallo favorable de un juez amparando a los vecinos de la ex diputada quienes exigían que esta abandonara el piso donde vivía en Amsterdam, pues se sentían inseguros, debido a la posibilidad de que los islamistas que han jurado matarla bombardearan o incendiaran el edificio.
Aunque la decisión de la ministra Verdonk provocó una tempestad de críticas en toda Europa y en los círculos políticos de la propia Holanda, lo que ha obligado a aquella a anunciar que daba un plazo de seis semanas a Hirsi Ali para presentar sus descargos contra la medida que la priva de la nacionalidad, las encuestas indican que un 80% de holandeses respalda a la señora Verdonk "por su firmeza". Con la misma claridad con que en otras ocasiones he aplaudido a Holanda por las reformas que ha sido un país pionero en llevar a la práctica --la eutanasia, la discriminalización de las drogas y el matrimonio gay-- dejo sentada mi desilusión por esta rendición vergonzosa del gobierno y la opinión pública de un país democrático ante el chantaje del fanatismo terrorista. En los últimos tiempos el coraje moral y la integridad cívica parecen haber sufrido una merma brutal en el país de los tulipanes.
El pretexto que esgrimió la ministra Rita Verdonk para retirarle la nacionalidad a Ayaan Hirsi Ali es que esta había mentido al llegar a Holanda y solicitar el estatuto de refugiada: falsificó su nombre y dijo haber venido directamente de Somalia cuando, en verdad, había estado antes en Etiopía, Kenia y Alemania. Lo inmoral del asunto es que estas mentiras eran de dominio público en Holanda desde hacía tiempo, pues la propia Ayaan Hirsi Ali se había encargado de revelarlo durante la campaña electoral en que fue elegida diputada, y en artículos y entrevistas en los que ha explicado cómo, al igual que ella, es frecuente que los inmigrantes que proceden de países donde por razones religiosas, políticas o económicas llevan una vida de infierno, se valgan de cualquier argucia, incluido el falso testimonio, para ser aceptados en las sociedades europeas. ¿Por qué solo ahora decidió la señora Verdonk proceder al respecto? ¿Acaso porque, considerando la voluntad de apaciguamiento frente al terror que parece haberse apoderado de buen número de sus compatriotas, consideró que esta medida la favorecería en su campaña para ser elegida presidenta del Partido Liberal?
En todo caso, lo ocurrido es una gran victoria para los fundamentalistas musulmanes que, como hizo Mohamed Bouyeri con Theo Van Gogh, soñaban con despanzurrar a cuchilladas a una mujer que con una valentía tan grande como su lucidez y sus convicciones democráticas los combatía sin tregua, denunciando su anacronismo y su ceguera y los infinitos sufrimientos y atrocidades que su fanatismo inflige a sus víctimas más indefensas: las mujeres musulmanas. A quienes quieren hacerse una idea de la resolución con que Ayaan Hirsi Ali se enfrenta al terrorismo islámico y la libertad con que opina, recomiendo la colección de ensayos, entrevistas y artículos que se ha publicado recientemente en español: "Yo acuso" (Galaxia Gutemberg).
Ayaan Hirsi Ali nació en Somalia, hija de un dirigente político opositor al dictador Mohamed Siad Barre, que se vio obligado a refugiarse en Kenia. Allí, la niña recibió una estricta educación musulmana y su propia abuela la sometió a la brutal ablación del clítoris y la extracción de los labios vaginales con que se pretende 'desexualizar' a las creyentes y garantizar su virginidad. Huyó de su casa cuando su padre concertó para ella un matrimonio con un pariente canadiense al que Ayaan no había visto jamás. Se refugió en Holanda donde aprendió el holandés y trabajó como traductora e intérprete en las casas de acogida para inmigrantes. Desde entonces comenzó a desarrollar una intensa y arriesgada labor, exhortando a las mujeres musulmanas a reclamar sus derechos y a emanciparse de la discriminación, las humillaciones, las violencias físicas y sexuales, y el encierro y la ignorancia a que se hallaban condenadas por creencias y prácticas tribales de hace siglos que el fanatismo pretendía preservar en pleno siglo XXI en el corazón del occidente democrático.
El guion que escribió para Theo Van Gogh formó parte de esta campaña que hizo de Ayaan Hirsi Ali un personaje popular, adorado y odiado a la vez, y que la puso en el punto de mira del terrorismo islámico. Desde hacía años vivía protegida por escoltas. Nada de eso parecía aterrorizarla ni hacerla ceder lo más mínimo en su empeño. El año pasado la conocí, en un encuentro en Amsterdam, y me impresionó la tranquila serenidad y la inteligencia con que esta bella muchacha (parece aún más joven de lo que es) criticaba a los políticos e intelectuales europeos que, en nombre del multiculturalismo, se abstenían de criticar las prácticas bárbaras del islam contra la mujer, como si las víctimas del fanatismo debieran sentirse solidarias de una fe y una creencia que constituían su 'identidad cultural'. En la breve charla que tuvimos le agradecí que hubiera expresado con tanta coherencia y de manera tan persuasiva lo que yo siempre he creído: que toda 'identidad' colectiva --nacionalista, racista, cultural o religiosa-- no es otra cosa que un campo de concentración donde desaparecen la soberanía y la libertad de los individuos. Y que recordara a los europeos lo privilegiados que son de vivir en sociedades abiertas, donde, en principio, se respetan los derechos humanos y los hombres no pueden tratar a las mujeres como esclavas, so pena de ir a la cárcel. El caso de esta luchadora somalí no es el único pero sí uno de los más admirables de personas del tercer mundo que parecen entender mejor, y defender con más convicción y brío, lo más valioso que ha dado al mundo la cultura occidental.
Como Ayaan Hirsi Ali, en vista de la impaciencia con que tantos intimidados holandeses parecen querer librarse de ella, ha anunciado que se mudará a los Estados Unidos, donde una fundación le ha ofrecido refugio, ahora no solo los inquisidores islamistas, también algunos escribidores occidentales la acusan ya de haberse vendido al imperialismo, acusaciones en las que es difícil discernir qué prevalece: si la estupidez, la vileza, o ambas cosas.
No es esta justiciera somalí la que pierde, aunque salga derrotada de esta batalla. Es Holanda. Ha dado un espectáculo deprimente y lamentable, de pequeñez moral, de politiquería hipócrita, de deshonor y cobardía. Parece mentira que en el país donde padeció su martirio Ana Frank, todavía no haya quedado claro que no se amansa a los tigres echándoles carnes frescas e inocentes y mandándoles besos volados: esto, más bien, les atiza el apetito y les afila los colmillos y las garras.

Los hijos de Vallejo

Este es el lugar donde César Vallejo es un superhéroe. En Santiago de Chuco, pueblo natal del mayor de nuestros poetas, cada fines de mayo es tiempo de peregrinación en memoria del hijo predilecto. Ahí, la poesía se riega con las lluvias y florece en esta temporada. Esta visita sirvió para demostrar que los niños del lugar aprenden los versos con la reverencia de una oración.

Por Jorge Loayza.
Fotos: Claudia Alva (enviados especiales)


Madre, me voy mañana a Santiago,
a mojarme en tu bendición y en tu llanto.
Acomodando estoy mis desengaños y el rosado
de llaga de mis falsos trajines.
(César Vallejo)




LA POESÍA CRECE. César Vallejo Ynfantes, sobrino carnal del poeta, representando a su tío a un lado del poyo de la casa.

Roque Marvi Casana camina, con sus diez años de edad, por la plaza de armas de Santiago de Chuco como un César Vallejo en un París sin aguacero. El sol del mediodía que calienta las cabezas de los santiaguinos no detiene sus ganas de vestir un abrigo y sombrero oscuro mientras su mano derecha juega con un bastón de madera que su profesor le hizo con un palo de escoba.

Este niño no es cualquier imitador a quien solo le gusta vestirse como el ilustre hijo de Santiago de Chuco para la foto. Hace unos meses fue elegido como el mejor declamador de un concurso de Vallejo en toda la provincia, donde participaron cincuenta niños. Roque ganó declamando ‘A mi hermano Miguel’.

Tampoco fue que solo se aprendió un poema para el concurso. A los cinco años aprendió ‘Idilio muerto’ por recomendación de su profesor y desde entonces parece que un poco del alma del poeta se quedó en su pequeño cuerpo. Después supo declamar ‘Piedra negra sobre piedra blanca’, entre un rosario de poemas que le gustan más cada vez que los repite. "También me gustaría escribir poemas como Vallejo", dice el niño con una sonrisa de cachetes entomatados.



Niños del mundo
Si en Lima un niño quiere parecerse a un Power Ranger, en Santiago de Chuco los infantes anhelan ser un Vallejo que lanza poemas al aire como aviones de papel. Esa sería una manera de explicar la vida que tiene el arte del poeta universal en su tierra. Varoncitos y mujercitas quieren sentirse por unos minutos la voz del hombre y jugar con las palabras.

Por eso, la actuación en el Centro Viejo 271, actual Escuela Primaria de Menores 80520, donde estudió César Vallejo, era propicia para que los menores demostraran a los peregrinos de la delegación de ‘Capulí, Vallejo y su Tierra’ sus cualidades histriónicas en el escenario. Escuchar el himno nacional al inicio de toda ceremonia escolar no es cosa rara. En el Centro Viejo 271 se hace algo más interesante: cantar el himno a Vallejo de manera obligatoria en todo acto cívico, al igual que lo hace el pueblo en la plaza de armas.

Y antes de saber leer los pequeños aprenden a sentir. Los alumnos de cinco años del Jardín del Niño 298 se han vestido para escenificar a la familia Vallejo Mendoza. Los padres Francisco de Paula Vallejo y María de los Santos Mendoza, además de los diez hermanos del vate, viven en el patio del colegio y se presentan para el aplauso. César también y está en el cuerpo de Josep Landi, quien lleva orgulloso una franja de cartulina que lo identifica como tal. La profesora Rosa Ruiz los mira con aprobación maternal. "Esto lo tienen que aprender desde pequeños", me dice la docente.

Después vendría una casi interminable lista de declamadores de los poemas de Vallejo iluminados por la luz de un intenso sol. "Qué estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita/ de junco y capulí;/ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita/ la sangre, como flojo coñac, dentro de mí", repiten los pequeños mientras extienden los brazos, apuntan a los cerros con sus dedos, se arrodillan, miran el bello cielo, observan al público con ojos extasiados.


Los mejores declamadores que aún no pasan de los quince años están en este colegio. Muchos como Roque Marvi, pero también Vallejitos femeninos. Milagros Díaz, estudiante de segundo grado de secundaria y primer puesto en el concurso organizado por las autoridades educativas de la provincia, es una de las que mejor dramatiza ‘Idilio muerto’. Otros chicos prefieren recitar ‘Masa’ y ‘Los nueve monstruos’.

Pero los muchachos del cuarto y quinto año de secundaria del colegio César Vallejo, vestidos de negro, han preferido poner drama a su presentación con un montaje teatral de Poemas humanos. Conmovido con el ejemplo de los pequeños, Paul Quispe, estudiante y declamador de la Universidad Nacional de Trujillo, también quiere rendir el homenaje y empieza con voz de trueno: "Solía escribir con el dedo grande en el aire:/ "¡Viban los compañeros! Pedro Rojas" ".



En el poyo de la casa
‘Capulí, Vallejo y su Tierra’ es una peregrinación cultural que el profesor universitario y santiaguino Danilo Sánchez Lihón organiza desde hace siete años los fines de mayo para que un nutrido grupo de vallejianos llegue a Santiago de Chuco y se moje en poesía, en olor del pueblo donde el poeta creció y el sabor capulí endulzó su voz lírica. Acaso como si se tratara de un santo patrón, este grupo no escatimó esfuerzos en hacer un viaje "sobre el lomo de los Andes" por más de seis horas desde Trujillo, además de las ocho que comprende el tramo desde Lima.

Catedráticos, profesores de colegio, músicos, cantantes, declamadores y estudiantes llevaban tan vivo a Vallejo que, como si se tratara de una imagen del poeta, invitaron a César Vallejo Ynfantes –sobrino directo del vate– como fuente de inspiración, reverencia y que es tan querido en Santiago de Chuco que solo falta que lo paseen en andas.


Así, el primer acto religioso fue visitar la casa donde nació el autor de Los Heraldos Negros, que se ha convertido en un museo-santuario. En ese lugar Francisco Miñano Benítez, veterano estudioso de la vida de Vallejo en el pueblo, explicaba la trascendencia de cada rincón de la casa. "Acá se sentaban los visitantes que solicitaban los servicios de tinterillo del padre de Vallejo, y en este patio, donde jugaba el niño poeta, ha sido grotescamente empedrado", dice este hombre que reclama la expropiación de toda la manzana para hacer una plaza alrededor de la casa.

El ambiente de esa casa se llena de otro aire cuando entra César Vallejo Ynfantes. Algunos lo ven como el alma del propio vate dentro de la casa. Y César quiere transmitir la voz de su tío. Frente a un grupo de estudiantes llegados desde Trujillo recita en pleno patio: "Hermano, hoy estoy en el poyo de la casa,/ donde nos haces una falta sin fondo!", y señala el poyo que inspiró a su tío y que hoy lo mira mudo y sólido.

Este Vallejo del 2006 –hijo de Néstor, hermano mayor de César– también jugó en esos pasadizos de pequeño. Y los recuerdos que su padre le contó del hijo más famoso de la familia no eran tan tristes como algunos poemas. "Mi padre me contaba que desde chico César fue muy inquieto, de joven le gustaba las jaranas y las chicas", afirma a la vez que confiesa que tiene algunos poemas escritos.

A estos seguidores del poeta también les agrada festejar la visita con verbenas donde algunos hacen arder sus declamaciones sobre una fogata. La conocida cantante Margot Palomino, además de cantar para el pueblo, afirma que venir a Santiago de Chuco es como alimentarse de espiritualidad. Los músicos del grupo limeño Kero –que musicaliza poemas de Vallejo– llegaron al pueblo viajando a retazos, entre camionetas y buses.

Como un mayordomo de esta fiesta poética, Danilo Sánchez Lihón dice que con este peregrinaje paga una deuda con su tierra. No es el único. Fabio Gallo, profesor con rostro de Ernesto Cardenal, ha cumplido su tercera peregrinación. El cuerpo y la salud del psiquiatra Mariano Querol se elevó por los Andes para dictar una conferencia magistral y regresó como hijo adoptivo del pueblo. Un viaje más largo trajo a Andreas Altman, periodista alemán que ha viajado por todo el mundo y que llegó a la tierra del poeta desde Francia atraído por el sabor del capulí y porque el dolor también es un idioma universal.

Ni yanqui, ni marxista...humorista!!!!

Ni yanqui, ni marxista...humorista!!!!

sábado, junio 3

Bartleby con Acento Gitano y otros haberes...: Herm�tica

Bartleby con Acento Gitano y otros haberes...: Herm�tica

viernes, junio 2

Seix Barral presenta su primer libro peruano

La editorial española Seix Barral, uno de los sellos del grupo Planeta, presentó su primera publicación peruana, 'Pasajeros perdurables', una antología de cuentos de autores de este país andino.El novelista peruano encargado de la antología, Iván Thays, confió hoy en que a través de 'Pasajeros perdurables' se despierte en los lectores 'un interés por la literatura peruana', al considerar que en su país hay 'extraordinarios escritores'.En declaraciones a Efe, el autor de 'El viaje interior' explicó que fue él quien planteó a Planeta la recopilación de estos cuentos, cuyo eje central son las travesías.En torno a un centenar de personas acudieron anoche a la presentación del libro, en la que los autores de los cuentos, entre ellos el consagrado Alfredo Bryce Echenique, detallaron algunas anécdotas.A su turno, Bryce Echenique narró con melancólica ironía su viaje, hace varias décadas, a la isla griega de Mikonos junto a un conocido estadounidense 'vestido de mujeriego' y de donde fue expulsado a un hotel de lujo de Atenas ante la presencia en el lugar del rey Constantino.Pero aquella aventura resultó el viaje 'más triste, estúpido e inútil' de su vida, ya que a su regreso a París, ciudad donde residía en aquel entonces, supo de la muerte de su padre, según relató el ganador del premio Planeta 2002 por su obra 'El huerto de mi amada'.En la obra publicada por Seix Barral también aparecen cuentos del fallecido narrador Julio Ramón Ribeyro, además de Alonso Cuento, galardonado con el premio Herralde por 'La hora azul', y Santiago Roncagliolo, premio Alfaguara 2006 por 'Abril rojo'.Además, durante la presentación narraron de forma magistral sus divertidas historias los escritores Fernando Ampuero, Rocío Silva Santisteban y Rodolfo Hinostroza.Planeta inauguró en enero pasado su filial en Perú con el objetivo de publicar obras de autores peruanos a bajo costo para combatir la piratería en el país con más altos índices de este negocio ilícito en Latinoamérica.La editorial española también tiene filiales en Argentina, Colombia, Ecuador, Chile, Brasil, Venezuela, México, Uruguay y Estados Unidos.

Olvido García Valdés - “En poesía, para triunfar hay que perder”

Si un poema lo es resulta incandescente, dice García Valdés. Por eso, hay a quienes los suyos les queman las manos. Hagan la prueba: cojan Y todos estábamos vivos (Tusquets) y lean la última llamarada poética de esta voz del “Grupo de Valladolid”. En ella reconocerán el aliento de quien ha consumido “todo resto biográfico”. García Valdés, fundadora de la revista “El signo del gorrión”, traductora de Pasolini y antóloga de El canto y la ceniza, de Ajmátova y Tsvetáieva, asegura que la poesía “están empezando a ser de lo más vendido”.

--------------------------------------------------------------------------------

Pregunta: “Escribir el miedo es escribir despacio, con letra pequeña y líneas separadas”. ¿Acaso la poesía se escribe con letra grande?
Respuesta: No; en gran medida, la poesía sólo escribe el miedo.
P: ¿Cuántas noches en vela le ha costado este libro?
R: Ninguna, el libro. Pero en los poemas hay muchas: las que vienen con los sueños, las madrugadas con ojos como platos…
P: ¿Y qué sentimiento es el que inspira los versos de Y todos estábamos vivos?
R: Si he de elegir, el de la irrealidad que tiene la vida cuando la miramos desde la muerte. Irrealidad de la vida, pero intensa presencia del mundo.
P: ¿Cómo sabe un poeta cuándo ha terminado de escribir un poemario?
R: Dudosamente. Con la sensación de que se cierra un ciclo. Intuitivamente.
P: “El pez asoma y escucho la pregunta por si duele vivir”. A usted del dolor de la vida ¿le salva la escritura o ésta le duele más que la propia vida?
R: El arte cura (me gusta oír esta frase en la voz de Ana Mendieta). Más allá o más acá de la conciencia, el arte cura.
P: Tres cualidades necesarias para ser poeta....
R: La atención. La paciencia (“la hermosura es paciencia”). La violencia.
P: Tres cualidades necesarias para triunfar en el mundo de la poesía...
R: ¿Se triunfa en el mundo de la poesía?
P: “Todo acaba pesando”. ¿Cuál es la losa más pesada para un escritor?
R: Ir sobrellevándose.
P: En poesía ¿es imposible vislumbrar dónde comienza el verso y termina la biografía?
R: Si un poema lo es (lo sabemos como lectores) resulta incandescente, consume todo resto biográfico.
P: “En mi casa me escondo por si alguien/me quisiera ver que no me vea”... ¿De qué se esconde usted?
R: ¿No le parece el escondite uno de los juegos más emocionantes?
P: ¿Y qué le gustaría esconder de nuestra poesía?
R: De gran parte de la que se escribe hoy, la obviedad –pura, o (peor) maquillada–. La de otros momentos históricos se ocultó ella sola.
P: ¿Y las guerras entre sectas literarias?
R: Creo que no hay. Por lo que dicen, vivimos ahora en el mejor de los mundos posibles.
P: ¿Es sencillo hacer poesía sobre la condición de la mujer?
R: No conozco ningún buen poema “sobre” nada. Desde la condición de ser mujeres, hay muchos poemas de los que la poesía no puede prescindir.
P: ¿Quién es la poeta actual que más le interesa y por qué?
R: ¿Y qué hacemos con las otras? Por suerte, las hay muy buenas. Se reconocen porque no sabes qué van a decirte, y porque luego se te quedan en la cabeza.
P: Entre Pavese y Pizarnik se queda con...
R: Pizarnik y Pavese. Los leí obsesivamente –todo– en los años 70. Dos perdedores. “La noche soy y hemos perdido”. En poesía, para triunfar hay que perder.
P: ¿El premio Reina Sofía hace justicia con Gamoneda?
R: Este premio ha ofrecido al público un nombre singular, un gran poeta; en Gamoneda se distingue la poderosa y precaria raíz de una lengua.
P: Ahora que entramos en Feria (del Libro), ¿qué tendría que suceder para que los libros de poesía fueran los más vendidos?
R: Ya están empezando a serlo, ya verá las cifras.
P: Qué le parecen las nuevas generaciones de poetas?
R: No hay (nuevas) generaciones (ni viejas), esto no es la política (¿o sí?). Hay poetas.
P: ¿Qué hay que hacer para que Santa Teresa de Jesús o Pasolini –dos conocidos suyos– se conviertan en best-seller: relacionarlos con los Templarios o hacerles un lifting para que parezcan veinteañeros y colarles entre las nuevas generaciones?
R: Los dos saben venderse muy bien. Y tienen bastantes otras cosas en común. Se habrían gustado mucho.
P: ¿Qué destacaría del espíritu de “Valladolid”?
R: El cuerpo; el alma es el cuerpo ¿no?
P: ¿Qué libro de poemas le hubiera gustado firmar?
R: Trilce, de Vallejo. Las Soledades, de Góngora.
P: ¿Cuál ha sido el mayor obstáculo con el que se ha encontrado en su carrera de poeta?
R: Menos mal que no. Si fuera una carrera (de obstáculos), hace tiempo que me habría desnucado.
P:¿Qué es la poesía para los editores?
R: Depende de los editores.
P: ¿La valoran? ¿La menosprecian? ¿Recelan de ella?
R: Depende de los editores. Algunos, poquitos, saben qué es.
P: ¿Qué consejo le daría a sus compañeros del stand de novedades poéticas, gente como Azaustre, Ana Merino y Luis Muñoz?
R: Ningún consejo, no lo precisan. Sí, los mejores deseos.
P: ¿Cuál es el mayor defecto que ve en los poetas de su generación? ¿Y en los jóvenes?
R: En los que me interesan –de cualquier edad– no veo defecto.
P: Su deuda pendiente con la poesía es...
R: Me temo que la vida.

Itzíar DE FRANCISCO

Las pel�culas de mi vida

Las pel�culas de mi vida

R�o Fugitivo

R�o Fugitivo

Los Tumis

Los Tumis

Dicen que tienes veneno en la piel

Pintura: Jose Luis Pascual

Tu crees que eres una bruja consumada
y lo que pasa es que estas intoxicada
y eso que dices que ya no tomas nada
pero me dicen por ahi que si, que si.

jueves, junio 1

chekear sobre poesia generacion 2000 mujeres

http://www.marcaacme.com/articulo-view.php?id=110


View My Stats

script LANGUAGE="JavaScript">